jueves, 12 de enero de 2017

LA TADEO.

Una vez más mi mamá, preocupada por mí, me obligó a buscar una universidad para mi futuro, así que fuimos a varias esa tarde en taxi, entre ellas fuimos a la Javeriana y por último a la Tadeo, la cual tenía fama de ser vagos. Le llamaban a esta universidad la Paseo lochando (Lochando viene de locha que quiere decir pereza) Yo no quería ir a la U, pero fue ella quien me obligó mientras aún estaba en la academia de Ronald, decía que esa actuación no me iba a dar nada en la vida y que eso no aportaba nada a mi futuro.
Al final me presenté a la Tadeo y averigüé que había cupo para 35 y nos habíamos presentado con 30. Ya estaba segura mi entrada ahí. Artes plásticas era lo que quería estudiar cuando salí del colegio. Mi sueño se hacía realidad. Al ver la lista de aceptados vi que ya estaba adentro. ¡Genial! Por fin podría dedicarme a la pintura, pensaba yo.

Después del colegio fue la época más especial que tuve en mi vida de estudiante, me marcó siempre la educación universitaria, mis compañeros y algunos profesores. Estaba viviendo un sueño, mi vida era más clara que en la academia. El inconveniente radicaba en la cantidad de materiales que necesitaba para trabajar en la facultad y eso sumaba mucho dinero. Cuando le dije a mi papá se fue de espalda, recuerdo algo así como que la cámara fotográfíca costaba 300 mil pesos y ese semestre me había costado como 250 mil. ¿Más cara la cámara que el semestre? Nos preguntábamos muchos.

Quizás tengo un problema enorme (Actualmente lo superé hace mucho tiempo, si es que había algo que superar) y era el anhelo, la obsesión con triunfar materialmente. Yo quería tener facilidades para divertirme, para salir con amigos, sentirme querido, tener amigas bonitas, pero siempre eran feas. A lo mejor tenía un complejo de inferioridad, puede ser, pero admiraba a muchos verlos como salían a sitios a pasar unos días y cómo hacían lo que les daba la real gana sin que nadie les jodiera la vida como en mi caso. Quería independizarme de mi familia, pero eso estaba difícil.

Al iniciar primer semestre éramos novatos con muchas ansias de sobresalir en el arte o de, simplemente, hacer arte. Nunca fui buen estudiante, siempre lo dije, siempre lo acepté. Por eso en los primeros semestres perdí materias que tuve que repetir hasta que en quinto semestre tuve que repetir ese semestre.
Pero aprendí mucho, aprendí que ser buen pintor no era el que pintaba tan real como una fotografía sino el que demostraba con el color y la mancha que sabía pintar. El buen dibujante demostraba con la línea que sabía dibujar y no como creía yo, que era quien dibujaba de forma realista. Conocí otras formas de expresión artística; la instalación, el performance y formas de hacer arte que no tienen catalogación. Artista era pensar como tal y crear en la materia (Hacer obra) y si solo creaba y no pensaba era un artista incompleto o mejor aún, no era artista. Aprendí a usar el espacio con el vacío o con materia. A usar el espacio cotidiano y crear con él. Fueron unos años en lo que todo lo vi con arte; las calles, la basura, la arquitectura de las formas. No fui buen estudiante, pero aprendí mucho.

Fue durante mi paso por la U que pude hacer realidad un sueño que tarde o temprano estallaría, me refiero al hacer video, poder ver mi nombre en un video. Uno más del montón me costó mucho dinero; 180 mil pesos de ese momento. No salió como quería porque no tenía para pagar actores y porque tuve el inconveniente de no tener video cámara. Hoy día vuelvo a ver este video, el primero que hice, y me parece una real mierda, aunque fue mi inicio como realizador. En la facultad gustó mucho a los profesores y yo tuve gran orgullo a ese primer trabajo. Lo que más gustó fue la mezcla que hice entre ilustraciones propias (Papel acuarela con ecolín) e imágenes reales en movimiento.

Tenía fama de ser bueno en video, pero tuve miles de dificultades para hacerlos, tuve que conformarme con hacer video arte donde no necesitaba actores. Aunque pedí ayuda a antiguos compañeros de la academia si no pagaba nadie se movía, aunque no fuesen actores muchos me cobraban como si fueran luminarias y eso me irritaba. Pero continué con ello a la vez que con Italo, intenté meterme a la televisión como actor o detrás de cámara, pero mis contactos no eran buenos, aunque estuvieran dentro. Algunas cosas pude hacer como el caso de Crónicas de una generación trágica en la que me usaron para hacer toda la ambientación de las escenas grabadas en Bogotá. Recuerdo que Víctor me decía cosas como
-Estamos en la Nueva Granada, siglo 17 y esta es la habitación de este personaje, ¿Cómo usarías este espacio?- me preguntaba y yo le respondía, pero todas mis respuestas eran erradas, siempre decía que no a todo porque una u otra razón. Hasta esa vez en el teatro viejo que decía era la bodega de esa programadora casi me regañó porque mi idea de ambientar ese sitio tapando los grafitis de las paredes no le gustó. Pero mi sorpresa fue mayor cuando vi la serie; todo lo que yo dije lo hizo Víctor a pesar de haberme dicho que estaba mal. Lo que realmente me dio ira fue el hecho de que nunca me pagaron.

Para ese momento yo vivía cerca de la U, a unas cuadras y podía irme a pie y regresar en cualquier hueco libre. Los Viernes siempre me tocó la materia electiva que fue video, con José Alejandro Restrepo con quien conocí al video arte. Tuvimos algunos encontrones porque él trabajaba con la improvisación y yo con el guión. A veces me llevaba tiempo para preparar un video y venía él y ese guión quedaba inservible porque él tenía su forma de trabajar. Perdía tiempo preparando los videos para su clase.

Recuerdo que antes de video fue con Iván, creo que así se llamaba, el profe de fotografía. ¡Cómo gasté dinero en carretes y papel fotográfico! Compraba 10 carretes rebobinados a blanco y negro de 36 fotos cada uno y al final me salían bien 10 fotos. ¡Quién lo diría que hoy día sería muchísimo más fácil! Y fue con Jorge Rodríguez que estuve a punto de perder mi cupo en la U. repetía fotografía y con Jorge casi pierdo de nuevo lo cual me acarrearía mi expulsión de la facultad. La verdad es que ya me veía fuera y conversé con Eduardo Angulo, el secretario académico, y le lloré de verdad. Gracias a Dios y a él solo quedó en un susto. Un milagro me salvo mi carrera. Las notas de 5 que saqué con Jorge fue porque Paco, el decano, intercedió por mí y a su vez Eduardo intercedió para que Paco me ayudase. Se lo agradecía toda la vida, incluso cuando me lo encontré en el 2007 en el Centro Comercial Panamá de Bogotá, al lado del final del transmilenio.
Paco era el decano, un hombre delgado, pasivo, de barba y cara de saber mucho. Su esposa fue después la decana de la facultad de artes.

Elisabeth era la secretaria, buena gente con su característico caminar y lesbiana. No tengo nada con los homosexuales, pero esa historia me la contaron de forma graciosa; cierta vez llovió mucho y algún estudiante llamó a la puerta de la secretaría, pero nadie abrió, así que subieron al taller de al lado hasta que pasará la tormenta. La puerta de la secretaría se abrió minutos después de la tempestad saliendo ella y una compañera. ¿Por qué no abrió la puerta antes? ¿Qué hacían las dos encerradas? Conclusión; lesbiana, cosa que después me lo comprobó alguien, aunque me daba igual su inclinación sexual, de hecho tenía compañeros así y no pasaba nada.

Carlos era el encargado de los talleres, una especie de monitor, nos solía llamar Mi artista, era agradable, buena gente, con su voz característica. Me lo encontré años después en el Colegio La Presentación Luna Park cuando iba a llevar a su hija.

Me llevé bien con casi todos los profesores aunque había unos que mejor era seguir como profe y estudiante.

Pachón me caía muy mal, me hizo quedar mal en plena clase al verme mi trabajo.
-Es que uno cree que faltar a clase no afecta… y si afecta- Me dijo en todo fuerte.
Faltó poco para llorar. Era cierto que faltaba mucho a su clase. Era joven, quería vivir la vida. Irresponsable también fui. Me caía mal, muy mal, pero algo cambió que ese odio se convirtió en admiración. Nos pidió llevar de tarea, una pintura que representara cualquier cosa. Tenía que ser abstracta. La hice y en clase quedé impactado por su certeza. Yo solía dibujar, en ese entonces, una silueta de un hombre con abrigo y un palo – arma en su izquierda. Cuando él la vió en la pared empezó a describirme cómo era yo, lo que pensaba, lo que sentía. ¡Dios mío, ese tipo era un brujo!, ¿Cómo lo hacía? No sabía que era yo el autor de ese mamarracho, pero me describió tal y como era en su momento. Tiempo después le cuestioné sobre eso y respondió que cada uno de nosotros dejamos algo nuestro en la obra. Pero nunca entendía como se veía aquello.

Manuel Santana fue otro quien me dijo cosas de mí viendo un video, me habló de mi soledad, de ese sentimiento que tenía a ratos. Manuel también me dijo que con la obra se sabe cómo es el artista. Eso no lo sabía. Mi vida cambió con su respuesta.
Con Manuel hice el video registro Calle intervenida el cual fue un proyecto de intervenir esa calle con arte. ¿Cómo podíamos usar los espacios cotidianos para hacer arte? Y el resultado fue increíble, la gente quería seguir viviendo en la cotidianidad, se molestaba que interviniéramos el espacio con arte.

Mario Opazo fue otro de mis profesores, Chileno, nos recalcaba siempre el uso del espacio. Fue novio de Giselle Laignelet quien murió de Cáncer, creo que fue. No me lo esperaba.

Víctor Laignelet nos aburrió con su Gran vidrio de Duchamp, entramos en los mínimos detalles de esta obra y la verdad es que a mí y a casi todos en clase no nos importaba eso. Un poco más de un mes con ese bendito vidrio que si lo tuviera frente a mí lo rompería. No solo era esa clase sino lo duro que nos daba en los exámenes, nunca subí de 3.5
Fue con él que nos puso hacer una obra que tuviese sonido y que la imagen u obra en sí, tuviera que ver mucho con el tema musical. Fue mi oportunidad de llevar un video clip. Hice Round and round basado en un tema de New Order. Al finalizar el video se miraron los profesores y sus comentarios creo que no quisieron halagarme, pero mis compañeros me decían lo bien que había quedado, que incluso parecía un tema del mismo grupo.

Rosenell Baud era especial, una mujer mayor tranquila y conocedora del tema. Era de Suiza, pero le decíamos la Francesa, por el idioma. Con ella vi grabado, una técnica que me gustó mucho, aunque costosa y difícil sino se tenía las herramientas para hacerlo. Estuve en su casa no recuerdo haciendo qué.
Para aquel tiempo sufría de depresiones que me duraban unos días, no sabía por qué me sentía así ni el motivo, simplemente me daba y así se iba. Pero la última que tuve fue la peor, pasaron 3 días y no se me quitaba, pasaron semanas y seguía ahí. Me sentía solo, que a nadie le importaba, ni siquiera a Dios. Lloraba sin razón aparente. Complete como 2 meses en ese estado, vagando por los rincones de la universidad intentando encontrar a alguien que me diera un abrazo, que me escuchara. Estaba perdido. Cualquier persona que veía sola me le acercaba con la esperanza de que me oyera, no importaba dónde fuera, en la calle o en la U. pero nunca lo logré. ¿Qué me pasaba? No tenía ni idea. Estaba hundido, tenía una tristeza encarnizada en mi alma. Recuerdo esa vez que en vez de entrar a clase con Rosenell me quedé ahí llorando en la cancha de basket, al lado de la facultad. Ella me vio a lo lejos, desde arriba del taller y dijo algo, molesta por no haber entrado a clase. 3 días podía llevar esa depre, pero pasar del mes era un infierno, así que decidí poner fin a esta vida. En casa me bebí medio frasco de límpido y así me fui a clase. No vomité, no convulsioné ni nada. Solo fue el sabor amargo que tuve que aguantar en mi boca toda la tarde. Esperé y seguía viviendo. Al terminar clase salí a la calle a vagar sin rumbo fijo, caminé horas buscando la muerte que nunca vino. Y cansado terminé entrando a esa iglesia diagonal al edificio de Avianca sobre la séptima, frente al parque Santander del museo del oro.
Fue sentarme en la banca y empecé a llorar como jamás había llorado en esta cochina vida. Había buscado un amigo para hablar y no lo encontré, había buscado un hombro para llorar y no lo hallé, quería salir de esa depresión y no pude, pero al sentarme ahí solo en esa banca cada lágrima que derramé fue como si un peso me quitara de encima. No había nadie a mi lado, pero fue como si en esa banca tuviera a mi mejor amigo preocupado por mí, dándome ánimo, escuchándome, como si me hubiera dado un abrazo. ¿Qué me pasó ahí en esa iglesia? Ni idea, o si… bueno, no soy muy asiduo a las iglesias, pero sé quién me curo esa tarde de esa puta depre que solía darme. Hasta hoy día no volví a tener depresiones, he estado bajo de ánimo, pero depres nunca más y se lo debo a él.

Nelly Rojas fue profesora de Dibujo, era buena con la línea y con ella entendí el valor de esta en el dibujo. Me acuerdo de ese regaño tan bárbaro que me pegó porque en clase les estaba leyendo la mano a Zahira y a la Marcela. Salió del taller iracunda y fue a quejarse con Eduardo que, después, me pidió que le leyese la mano.

Omaira Abadía fue otra que se pegó una emputada conmigo que quiso hacerme perder la materia, pero ni sacando cero logré perder, porque hasta ese momento yo era su alumno predilecto, pero por una pérdida de un cassette con el trabajo de una compañera esa relación se destruyó.
La pintura como tal la entendí con Luís, ese profe gay de barbita que tenía su forma peculiar de hablar y que en su momento me regañó por escaparme de clase. Me dio clase un semestre, pero con lo que me enseñó entendí esa rama del arte.

Tuve una profesora de pintura que no recuerdo su nombre. Era una mona que me encantaba y con la que tuve una relación de besitos en los talleres, solo nos vimos en la U… y también en su casa. Ok, también en algún hostal del centro. Hasta que una vez me dijo casi regañando
-¿Acaso tú me tienes para que te pase en la materia? –
Y no era así, a mí me gustaba. Cuando terminé el semestre no volví a verla, así que meses después sin recibir llamada fui a su casa y vaya situación tan incómoda que viví. Abre la puerta un tipo alto, atractivo y ella sale con un camisón que le llagaba hasta las rodillas, se asombró al verme.
-¿Qué quieres?- preguntó delante del tipo.
- Estaba cerca de aquí y quise pasar a saludarte- mentí descaradamente.
Nos quedamos en silencio unos eternos segundos. Sabía que ese tipo era su novio y no quería competir con eso. No sé cómo salí de ahí, pero afortunadamente salí.

Ana María Lozano fue mi profe de historia del arte, no tenía pinta de saber mucho, pero cuando empecé a hablar con ella vi que estaba muy equivocado. Fue curadora del Museo de Arte modernos de Bogotá donde hice prácticas y tenía un espacio en algún periódico. Nos sacó a la clase a ver museos que no sabía que existían en la ciudad, a ver casas antiguas y su arquitectura. Recuerdo una vez que escribí sobre una exposición donde relataba lo mal que me sentí por no entender nada de nada de las obras que habían expuestas. Ella conversó conmigo y me abrió los ojos a una nueva forma de ver el arte
-No tiene que entender nada, solo disfrutar de las formas- me decía ella –Ver cómo mezclan el color, las manchas en la pintura. Si lo hace normal, con sutileza o agresivo. No tienes que entender la obra, solo sentirla. ¿Qué sientes? ¿Que te agrede? ¿Que te atrae? Es eso. No te sientas mal si no le encuentras sentido. El arte se vive, se siente-
Y a partir de ahí empecé a ver exposiciones de otra manera.

José Omar Valbuena era de los más jóvenes profesores, cumple años los 24 de Octubre, lo sé porque yo también cumplo ese día. Era pintor. Cierta vez lo vi en un documental en señal Colombia, solía ver este canal por sus documentales que me encantaban. Ese día él hablaba en una escena de la vez que se le había aparecido la virgen. A Omar le gustaban mis pinturas.

Mis compañeros eran fuera de caso. Locos como todos nosotros. Fueron casi 5 años en los que era normal en mi vida probar marihuana y coca, hasta la pedí varias veces a domicilio.

Capeto solía fumarse sus bareticos, lo acompañé varias veces por la 26 a fumarse alguno. Recuerdo cuando me llevó un poco y Paola, la gorda, se lo fumó todo, terminó con los ojos enrojecidos y adicta a ello, lo último que supe de ella es que había muerto de sobredosis. Me sentí mal porque fue por mí que ella se hizo adicta.

De mi grupo tengo buenos recuerdos de mis compañeros. Oscar Castro con el que aún me comunico. Era un tipo calmado, no fumaba ni era vicioso como nosotros. Nuestra amistad se afianzó quizás por el gusto a la música de Pet Shop Boys, hasta fuimos al concierto que hubo en Bogotá de su gira Discovery. No recuerdo mucho su trabajo en la universidad, pero solía gustarle la tecnología. Hoy día se dedica a ello, es fotógrafo, tiene su grupo de fotógrafos a los que enseña y creo que hace videos. Hemos tenido algún encontrón profesional, nunca le gustó mis cortos y siempre le ve defectos y aunque no es pretexto o excusa la carencia de presupuesto para mis realizaciones, tampoco son tan malos mis trabajos. Su trabajo a mí no me impresiona, realmente he visto mejores, pero igual él no lo hace mal, según lo poco que he visto. También estuvo enseñando teatro en colegios y parece que lo hizo muy bien.

Zahira Rodríguez, era flaquita, cara de tímida, con su peculiar risa y voz delgadita. Se dedicaba a la pintura. Aunque por ella no apostaba nada como artista, porque la veía más como artesana, hoy día tiene una gran empresa que se dedica a las artesanías y vaya si lo hace bien. Si tuviera mi casa propia en Colombia me gustaría comprarle sus cosas. https://www.facebook.com/Saraka-Objetos-Decorativos-113979131954694/?pnref=lhc
Vivió años con Sergio Martínez quien se dedicaba a la instalación. Alguien se refiere a él como el sufrido porque se quejaba de todo. Vaya, parece que no me conocen o sino yo le quitaría el título de sufrido a Sergio. No volví a saber nada más de él.

Mauro Valdacci vivía al lado de la U, su pareja era Juanita, Juana Marrana, y ambos daban la sensación de ser un tanto ecologistas y hasta hippies. Tenían como 4 gatos en su apartamento y hasta un gallo. ¿Un gallo? Si, un gallo que era odiado por los vecinos que se despertaban con el canto antes del amanecer. Nunca se graduaron porque Mauro nunca fue a las prácticas. Según dicen tuvo una hija con Juana y andan separados.

Norman Botero era buen pintor, buena persona. Me llevé bien con él y con muchos de mis compañeros. Al salir de la U montó una galería cerca al Centro Comercial hacienda Santa Bárbara la cual conocí. Quise tener una exposición ahí, pero vi que era muy difícil. Con el tiempo me enteré que la había cerrado y con los años supe que la tiene en Medellín. Muchos decían que le había ido bien por su apellido Botero, pero dudé de eso. Norman está ahí donde está porque se lo merece, porque trabajó duro para ello y su obra siempre fue buena.

El mono Ruíz, no recuero su trabajo. Era pelirojo y pecoso. Era calmado, serio, introvertido al menos en la facultad. Fue de los pocos que hizo Máster después de terminar la carrera.

María Isabel de los Angeles Leiva.
-De los Angeles pero del infierno- me dijo ella riendo.
¿Qué puedo decir de ella? Mucho y no porque sepa que leerá estas líneas, sino porque fue especial para mí, aunque no fuimos amigos sino compañeros. Era la mujer más deseada de la universidad, la más perseguida, la más llamativa. Ella era pasiva y rebelde en su forma de ser, no hacía nada para llamar la atención, pero eso no importaba, donde pasaba ella siempre había alguien que la mirara. Fue la mujer más femenina que he visto hasta ahora en mi vida. Todo ella era sensualidad, belleza, femeneidad y hasta erotismo (¡Las pajas que me hice por ella!) hablaba muy sensual, sus movimientos eran provocadores y no porque ella lo hiciera aposta sino porque ella era así.
Quise pertenecer a su vida en vano, quise ser su amigo, salir a divertirnos mas nunca aceptó mis invitaciones. Quería estar con ella, quería que me buscara así fuera para preguntarme algo. No estaba enamorado de ella, solo me atraía esa femenidad y misterio en su mirada. Alguna vez fuimos a comer pizza a Domo, donde solía ir a pagar con mi tarjeta Dinners, y fue esa vez en que me dijo
-Vos cuando lo estás haciendo te gusta hablarle a ellas, eso me gusta- me dijo esa vez en la pizzería.
¿Pero cómo sabía ella eso? Ya era la segunda persona que me decía cosas de mí sin decírselas antes. Oscar Castro y María Isabel me leían el rostro. Era un libro abierto para ellos. En fin, no me mortificaré en ese tema.
Ella era libre, parecía ser independiente de su familia, salía a donde quisiera y claro, una mujer tan hermosa como ella siempre encontraría un hombre que le gastara. Mi admiración por ella aumentó con su trabajo de tesis de grado. El tema era la vida (Y de paso la muerte ya que la muerte no existe) trabajó una video instalación en el que se mostraba una autopsia real. La primera vez que vi el video me dejó mal por varios días, ver como abrían un cadáver y verle sus órganos internos era demasiado para mí. Ella estuvo en mi casa editando el video y hasta almorzamos ahí. Aunque el hambre se me había ido con el video. Sí, era fuerte, agresivo ver una autopsia y todo lo que hacían en ella, pero esa obra era sincera, era llena de vida porque ella había vivido la obra misma y el tema de esta. Por aquel tiempo su mejor amiga, compañera nuestra de la facultad, había muerto de sobre dosis (Parece que se había suicidado) y a María Isabel le dio duro aquello, hasta un video diario hizo de esas horas hasta su sepultura.

María vivó su obra, cosa que contados logran hacer en el arte. Es cierto que yo era un rebelde que iba en contra del sistema impuesto en la sociedad y que en mi trabajo eso se notaba, pero ella vivió la vida y muerte mientras hizo su tesis. El tema fue visto y sentido por ella quedando reflejado en su video instalación. Esa obra fue la mejor de todas, incluso muchísimo mejor que la mía y que la de muchos en 2 años atrás y delante a ese momento. Jamás me gustó que la decana me dijera que la dejaría repitiendo la tesis. No sé si lo hizo o no.
Hoy día la tengo en el Facebook, me enorgullezco de ello. La busqué durante años en internet, cada vez que iba en el metro miraba a la gente esperando encontrarla, ya que sabía que ella estaba en este país. Pero me aburrí de buscar y por cosas de la vida la encontré, fue una alegría inmensa encontrarla y saber que estaba bien. Se lo merece y no me extraña que esté donde está, esa mujer lo puede casi todo. Actualmente vive en Inglaterra.

A Nery Osorio o Nery Pumpido, como le llamaba Norman, nunca la vi dedicada al arte. Quedó embarazada mientras estuvo en la facultad y a raíz de eso dejó la universidad. Nunca más supe de ella. https://vimeo.com/71108183

Patricia Cubillos, ¡En fin! No sé qué tenía en su cabeza, era una seudo intelectual y complicadilla. Era mayor que muchos de nosotros. Hubo un tiempo que dejó de hablarme no sé por qué. Una vez en clase hizo una exposición que a varios nos hizo sentir mal por el ridículo que hizo. De las pocas veces que sentí tanta vergüenza ajena en la vida.

Rosa Carrillo, la gordita, la acompañé a un pueblo cerca de Ambalema en el Tolima donde ella hacía prácticas de opción Colombia. Fui a enseñarle a usar la cámara de la alcaldía. Durante un fin de semana. La vi más como artesana. No sé si siguió practicando algún tipo de arte.

Sandra Farfán me encantaba, cachetoncita, de labios sensuales y de signo escorpión como yo. Me gustaba, no lo niego, de hecho me gustaban muchas. Hablábamos poco, pero no veíamos todos los días.

Sandra Gamboa era la pija del grupo, tenía un novio en otra facultad, Ricardo creo que se llamaba, quien tuvo su casa en la Candelaria, era su casa y su galería. Trabajaba la alforja, era herrero y muy bueno en ello. Lo último que supe de Sandra es que estaba en España, aunque la contacté nunca contestó a mis e mail ni mensajes.

Mauricio Bernal, el gordo, novio de Adriana Olaya hacían una pareja dispareja; ella muy mujer, educada, cuidada y él un gamín hasta para hablar. Lo de gamín lo digo por ser lo contrario a ella, no porque lo fuese realmente. Trabajaba duro en los talleres al lado de Adriana. Pensé que terminaría casados, pero mi sorpresa fue al enterarme de lo contrario.
Fueron muchos mis compañeros como Marcel Lombana quien estaba semestres atrás del mío, Giselle López que me gustaba mucho, Néstor Amórtegui y su amigo Leonel, decían que eran pareja. Pilar, la que murió de sobredosis. Luís Saray quien iba drogado a clase con su cara adormilada y ojos rojos, me sorprendió al verlo hace poco vivo y en Argentina. Yo juraba que estaría muerto hace rato por sobre dosis. José García, Luís Miguel Baez, Mónica Alvarado, Andrea Romero. Hernán (Panguano) el modelo de la facultad al igual que Rita. Y así un montón. Todos ellos marcaron una época especial en mi vida durante mi estancia en la Facultad de artes de la Tadeo. Un época de sueños, frustraciones y de vivir como joven. De aventuras, sexo, travesuras, risas y llantos. Y de mucha droga, ¡Vaya trabas las que me pegaba!

Pero se llega el día en que hay que sentar pies en el suelo y ver la vida como realmente es. Nos graduamos casi un año después y ahora sí había qué preguntarse ¿Y ahora qué? La lucha apenas iniciaba y tocaba tomar rumbos diferentes y vivir de lo aprendido. Aunque vendí muchas de mis pinturas a extranjeros la cosa cesó cuando terminé estudio en la U. Quería seguir pintando y entrar a la televisión, pero eso es otra historia. Conocía el medio y hasta ya había hecho cositas sin importancia en grupos de teatro en el barrio la Candelaria, pero no entraba al medio.

A pesar de que en la actualidad no vivo del arte y tengo miles de dificultades económicas, además de un pie en la calle, mi vida en la facultad cambió. Soy pobre, pero disfruto cada instante cuando hago arte, cada segundo que tomo mi cámara y realizo un video por simple que sea lo gozo, cada vez que hago fotografías de los conciertos a donde asisto me encanta, cuando actúo ante cámara me veo haciendo lo que quería hacer a inicios de los 90´s y río al recordar como muchos no apostaban nada por mí, como el jefe de casting en ese estudio de Caracol en la Soledad. Muchos seguimos dedicados al arte, otro no, muchos viven del arte, yo no, pero no lo dejo porque esto es mi vida, mi pasión, el oxígeno que necesito para vivir.

El arte va ligado a mi locura, acepto mi nivel de loco. Y sigo pensado como artista, veo la vida y mi mundo alrededor con otros ojos, admiro la belleza y la feura, porque de eso feo encuentro una belleza para crear. Hoy día en este país corrupto hago cosas que mi país me negó, me he realizado como artista y me estoy haciendo ese hueco. Me conocen algunos y sigo aquí luchando, creando, trabajando en lo mío así como muchos de mis ex compañeros siguen batallando en este duro campo del arte.

A todos ellos: profesores, directivos, compañeros y a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo lozano les agradezco de corazón la formación recibida entre el 92 y el 96. Gracias.

martes, 10 de enero de 2017

La academia.

Esto sucedió por allá en al año 1991. Después de infructuosos intentos por entrar a la universidad, incluso en Medellín, logré convencer a mi mamá de irme a Bogotá a estudiar, pero a ella nunca le gustó que estudiara algo relacionado con arte sino algo que me diera dinero, según ella. Así que me tocó aceptar su chantaje de estudiar psicología, pero gracias a Carmenza Flórez y su discriminación hacia mí perdí ese semestre, lo cual hizo que mi mamá se enojara tanto que decidió no pagarme estudios nunca más. Mi papá salió en mi apoyo y por fin pude ir a la Academia de Ronald Ayazo a estudiar actuación. Estaba logrando hacer mi sueño realidad; estudiar lo que tanto quería, pero no todo era felicidad; era tanto el amor que sentía al arte que lo daba todo, incluso quedarme sin dinero e irme a pie hasta la academia, no me importaba caminar kilómetros ida y vuelta, ni me importaba pasar el hambre que pasaba a tal punto que todo me daba vueltas como si estuviera ebrio.

Recuerdo cuando vivía en casa de la mamá de Omaira Pedraza, la secretaria de la academia, pase 4 o 5 días sin comer nada de nada, con diarrea y mareado por el hambre que tenía. Mi papá ganaba poco y no podía ayudarme más, solo me daba 5000 pesos que en aquel entonces me alcanzaba para transporte y algún mecato. Mi mamá era la que ganaba más, pero al perder el semestre en la Sabana no quería saber nada de mí hasta que me volvió a ver una vez que regresó de San Andrés, trasladada a Bogotá; estaba yo pálido y muy delgado debido al hambre, fue entonces cuando cambió de pensar, decidió darme una mano en mis estudios. Esa noche fuimos a comer a un asadero, hacía rato no comía carne, me supo a manjar de dioses, aunque esa noche duré suelto del estómago, pero al menos lo tenía lleno.

Entré a la academia porque mi mamá me obligó a hacer un taller de acrobacia cinematográfica en la casa de la cultura de Palmira ya que yo no hacía nada en ese año, pues no había pasado a la universidad. Hice el taller y quedé enamorado de la actuación. Hoy día casi todos los de ese grupo siguen dedicados al arte:
Italo Monroy no era bueno actuando, aunque su ego era inmenso y ganó una beca para estudiar en la academia, una beca que rechazó. Con los años empezó a dedicarse a la plastilina y realmente era bueno con ello, no solo con los muñecos sino haciendo cuadros en plastilina, algo innovador para mi. Decía que yo sin querer le había enseñado a trabajar este material. Hizo animación con esta técnica, aunque nunca le vi algo que me asombrara, a decir verdad no me gustaba su trabajo en animación, aunque tenía buenas ideas. Era algo así como un intelectual.

Sandra Sánchez le llamaban la muñeca porque en aquel tiempo tenía cara de muñequita, estuvo estudiando en la academia. Hoy día hace teatro como segunda opción porque además de ello trabaja en algo que le genere ingresos.

Gloria Amparo Agudelo, fue novia de Toto Vega y vivió ahí en su casa de Palmira cuando él dio el segundo taller de actuación. Gloria fue muy estricta en lo suyo y seria con la actuación. Se esforzó tanto que hoy día triunfa en Estados Unidos. Un triunfo merecido y buscado.

Mauricio Jaramillo, estudió conmigo en el colegio, no en el mismo curso, él iba cursos atrás de mí. Fue al primero del grupo que iba de Palmira que alcanzó el éxito rápido, quizás por su físico fue escogido para actuar en la serie Don Camilo, con el Gordo Benjumea. Interpretaba al sobrino de Don Camilo. Después de ahí no lo vi en ningún otro programa, pero dicen que por las drogas no logró más. No sé qué tan cierto fue esto. Hace unos años hizo una obra de teatro que tuvo buena acogida en Bogotá, Ensalada de locos, la cual estuve haciendo los videos para esta obra, pero debido a un accidente que tuve no logré terminarlos creo que al final no incluyó mis videos.

Leonelia González, era de Candelaria pero estudió en Palmira. No supe de ella hasta que la vi en una novela que pasaron en España. Vi cosas de ella en internet y creo que es especialista en la esgrima. No sé nada más de ella.

Ellos fueron del grupo que venía de mi ciudad a estudiar en la academia de Ronald en Bogotá. Realmente aprendí mucho allí y soñaba con ser actor, pero al poco tiempo supe que tenía que esforzarme más de lo que pensaba para ser actor y vivir de ello. Ronald no nos dejaba actuar si no nos daba permiso, decía que no quería arriesgar el nombre de la academia por un mal trabajo nuestro en televisión, de hecho podía expulsar a alguien si lo veía en tv sin su consentimiento. Nunca estuve de acuerdo con esta medida, no es como hoy día aquí en España, que estudiantes de interpretación terminan estudios haciendo algo en algún corto o en la tv, mientras que allá terminábamos sin hacer nada el 98% de los egresados de una escuela de actuación o teatro.

Mis compañeros eran poco unidos, cada uno iba por lo suyo, nadie comentaba nada de trabajo en este campo por no perder la oportunidad. Supe, entonces, que todo era palanca, amiguismo, que no importaba lo talentoso que pudiera ser si no se tenía contactos. Uno podía ser mal actor, pero con alguien dentro del medio podía quedar como buen actor. Eso ya era un problema grave, ya que yo no tenía conocidos dentro del medio, ni recursos para ello. Estuve pasando hojas de vida a las programadoras, pero al poco tiempo conocí al segundo mejor director de arte que había en Colombia, según decían, y me comentó que mejor no siguiera perdiendo el tiempo llevando curriculum a estos sitios, que ellos lo que hacían era alimentar el fuego de las chimeneas con tanta hoja de vida que ni siquiera se molestaban en mirar.
Pero lo malo de los pocos contactos que pude hacer, gracias a Italo, fue que me pedían bajarme los pantalones y mi obsesión con llegar a la tv era grande, pero tampoco para replantearme mis gustos sexuales. Por esa razón no logré entrar, en cierta forma, a este medio. Solo pude hacer algunos extras con agencias que nunca me pagaron, hasta trabajé como utilero gracias a uno que me metió y que andaba detrás de mí acosándome con bajarme los pantalones. Tampoco de esa serie (Crónicas de una generación trágica) me pagaron, estuve yendo con recibo de cobro y no quisieron pagar.

Pero lo aprendido en la academia me sirvió y mucho, no porque estuviera en este sitio estudiando, sino porque en otros sitios su enseñanza no me parecía ideal o acertada. En la academia de Ronald empezábamos todos los días con el famoso conteo que no era otra cosa más que el calentamiento de voz; Respiración, sonidos guturales, guturales con tonos, guturales con la boca abierto y tonos, voz de mando y algo más. Cuando nos dábamos cuenta teníamos un dominio casi completo de la voz y casi de la expresión oral.
Alguna veces nos daba clase Ronald, otras su hijo Ronald José. Había más profesores como el de historia del arte y aeróbicos. Aprendí mucho, aunque no fue una época buena, mis sueños y mi energía estaba ahí, pero no logré en su momento explotar ese talento. ¿Qué era lo más cercano que tenía para poner en práctica lo aprendido? La televisión (Imposible entrar si no tenía contactos) y el teatro, lo malo de este último es que los grupos de teatro asequibles a mí estaban monopolizados por jóvenes que creaban a través de la marihuana, gente que había estado en Europa y había visto algo que decidieron copiar y llevar a Colombia quedando como expertos en este arte. Y vi muchos que se dedicaban a esto porque no les quedaba más, vieron en el teatro una forma de hacer dinero sin necesidad de preparación y eso a mi no me gustaba. Era la mediocridad en carne propia ver esas obras tan malas de gente que idolatraba a Chejov o a Shakespeare poniéndolos como única referencia real, además de un pensamiento comunista que era mejor alejar de mi vida.

Había gente pudiente económicamente entre mis compañeros, pero llegó un momento en que me harté de eso, solo quería terminar mis estudios ahí y continuar con artes plásticas. Nunca fui popular, quizás hasta pasé desapercibido. Mi sueño era enorme, llegué a la academia porque luché por ello, quería ser actor, pero principalmente quería estar detrás de cámara. Soñaba con tener mi cámara propia y hacer mis videos, pero esa cámara llegó años después. Yo quería ser como muchos de mis compañeros, quería vestir esa ropa que llevaban muchos, tener facilidades para salir a divertirse, tener amigas hermosas y no como yo que tenía las más feas. Yo quería ser admirado, respetado e intentaba hacerlo, buscaba mis contactos, buscaba casting para presentarme, pero nunca lo logré.

De aquel entonces muchos salieron dedicados a la actuación, incluso hoy día continúan en ello. Recuerdo a Ailcia Camacho, me encantaba esa mujer, fuimos a un concurso de televisión con Jota Mario Valencia a una sesión llamada el novio chévere. No ganamos, pero salimos en televisión. Ailcia tenía una buena proyección de voz, pero no apostaba nada como actriz. Lo que más me gustaba de ella eran sus labios y si, sus nalgas me idiotizaban. Con ella tuve que tragarme mis palabras porque a pesar de no apostar nada por ella le fue muy bien en México, dedicada al teatro y al cine le ha ido muy bien y eso me agrada.

Toto Vega, es de los pocos, sino el único, que ya sabíamos le iba a ir bien, algunos dicen que su éxito fue por su esposa Nórida Rodríguez, quien ya era famosa antes de casarse con Toto, ya que ella lo metió al medio. De él puedo decir mucho, ha hecho cine, televisión e infinidad de cosas.

Patricia Garrido, esperaba verla famosa en el medio y me sorprende que no lo haya hecho a pesar de algunas cosas que hizo. Vive en Chile y no sé más de ella. Era de las más talentosas que había en la academia y apostaba mucho por ella.

Cosa similar me pasó con Mario Parra, que tipo tan lleno de talento, era una eminencia, pero me sorprendió no verlo metido ahí, en el mundo de las cámaras.

Myriam Palacios la vi, desde que entró, muy llena de energía, quería ser buena en su trabajo y no me extraña, hoy día, que esté donde esté. Creo que hace más secundarios que protagónicos. No importa, está dentro del medio. Buena actriz además de productora y directora de teatro. Ella fue otra de las que me atrajo mucho en su momento, pero mi cobardía impidió que se lo dijera.

La Pitu, le decían así por ser baja de estatura. Era muy amiga de Ronald y esperaba verla haciendo cosas en este campo, pero no fue así, aunque la vi de actriz episódica en alguna novela que vi acá en España.

A la Candelosa tampoco la vi y no sé si siguió con esto o no.

Caterine Moscoso la vi en ese tiempo haciendo algo, pero no más.

Ricardo Gómez, está donde está porque se lo merece. Uno de los duros del teatro en Colombia con amplia experiencia.

Jhosep Abadía, creo que le decían Piolín, era tímido y de aspecto lánguido. Este caso fue una sorpresa para mí, ya que nunca me esperé que llegara tan lejos, cosa que me alegra por él. Actor conocido y músico. En la actualidad vive en Canadá.

Hubo más a quienes le fue bien, el resto nada de nada. Otros se dedicaron a estar detrás de cámara como aquellos dos a los que les caigo muy mal y que están en Caracol. Lástima que aún queden resentimientos del pasado hoy día y es que aún están las rencillas del pasado latentes entre algunos ex alumnos de la academia. En mi caso no odio a nadie a pesar de algunas cosas, pero le caigo mal a varios, especialmente a ese rockerito al que no le hice nada, pero me insulta como si fuera un adolescente a pesar de sus casi 50 y pico años que tendrá.

Lina y Ronald, hijos del jefe los vi en algún cortometraje, pero nada más, creí que entrarían al medio, pero…

Es un medio muy competido e injusto, así que toca que dedicarse a otra cosa aun siendo actor reconocido por el medio. Un día se está arriba y al siguiente nadie lo recuerda. En países como Colombia era muy difícil dedicarse a este campo si no se tenía contactos que lo ayudasen.

Cierta vez fui a un casting para una telenovela de Caracol, quizás era La mujer doble o Música maestro. La cosa es que fui al barrio La Soledad, donde era esta prueba, y me presenté con mucha seguridad y confianza, me sentía muy cerca del éxito. Me aprendí la separata que me dieron ahí mismo y la interpreté delante del jefe de casting con dos personas a lado y lado escondidos en las penumbras del estudio y creo que había 4 actores más ahí esperando su turno. Al concluir mi acto me pregunta el tipo ese:
-¿Usted en qué sitio estudió?
- Estudio en la Academia de Ronald Ayazo- le dije con orgullo sacando pecho.
-Voy a presentarle…- empezó diciendo detrás de la oscuridad, yo me emocioné con ese voy a presentarle, estaba seguro que diría algo así como que me presentaría a un director de cine para ponerme a trabajar en cine, o que me presentaría a un productor para hacer televisión. Ya daba gracias a Dios por ayudarme a realizar mis sueños, pero el jefe de casting prosiguió -...a mi abogado para que denuncie esa academia. Le están robando la plata-

No entendí lo que dijo en ese momento. Me cogió de forma inesperada.
-Mire, viejo, yo respeto mucho este trabajo y así como lo respeto y es mi vida exijo que lo respeten. A usted le exijo que no me haga perder el tiempo con usted. Respete esta profesión- Casi que me regañó, pero no entendía por qué me lo decía. ¿Que hice mal?
-Prepárese, métase a una escuela de actuación y después sí venga y preséntese a los casting que quiera. Mire, hermano, yo llevo en esto muchos años y tengo ojo para ver quien es bueno en esto y quien no. Voy a darle un consejo por su bien. Dedíquese a otra cosa. Es más estoy más que seguro que usted jamás va a trabajar en una radio como locutor porque hasta su voz es fea-

Quería morirme, estaba a punto de llorar desaforadamente, pero no quería darle gusto a él de verme así. Sentía una vergüenza horrible. Sonreí y antes de que siguiera humillándome me fui. Al salir del estudio había más actores y actrices esperando su turno, muchos de la academia, así que me asaltaron para preguntarme qué tal me había ido, qué me pusieron hacer y yo sonriendo les comenté rápido lo bien que me había ido. Salí de ahí veloz y en vez de ir hacia la parada de la buseta me fui al otro lado, al llegar a la esquina mis lágrimas salieron desde lo más profundo de mi alma. Estaba desilusionado, creí que era bueno para ser actor, pero si un experto como ese tipo decía que no, debía ser por algo. Sentado estaba yo, con 21 años, con sueños, esperanzas de triunfar, herido en mi ego, humillado como nunca antes lo hicieron. Creo que quedé ahí media hora. Al llegar a casa decidí ser terco y continuar con la ilusión de llegar a ser un director de cine importante, un actor creando escuela, vivir de eso. Si, ya sé que a mis 46 no empiezo a vivir de ello ni soy un director importante ni mucho menos un actor reconocido.

Ronald enseñó muy bien, pero como persona era detestable además de ciertas cosas que vi en él que me hicieron decepcionar de esa admiración que sentía por él. La imagen que tenía de él empezó a caer poco a poco cuando estaba en tercer nivel. Tanto que hablaba él de producción, de actuación, de la calidad de las producciones Colombianas, de que él volvería a la actuación si viera un personaje digno de ser interpretado por él, pero la cagó feísimo con La rebelión de las ratas de Jorge Barón televisión. Su actuación no era digna, con el vozarrón que tenía y lo desperdiciaba. La dirección que llevaba él en esta serie… ¡Vaya! ¿Y qué era lo que decía de la mala calidad? Me sentí engañado. No quise saber si había pasado a cuarto nivel, ni me importaba, ya que había pasado a la Universidad Jorge Tadeo Lozano a estudiar artes plásticas, otro de mis sueños, por no decir el principal.

Y fue así como terminé ahí en la academia, con conocimientos adquiridos que me sirvieron más adelante cuando trabajé en colegios como profesor de teatro. Muchos años después me sirvió para hacer radio. Tanto así que fue gracioso que los oyentes me dijeran que tenía una bonita voz, otros que tenía una voz poderosa y así miles de halagos, hasta llegué a hacer radio profesional donde tuve un reconocimiento como segunda mejor voz en las radios latinas de la noche en Madrid y mi programa (Contigo en la noche) como segundo mejor programa en las radios latinas de la noche en Madrid. Siempre recordé a ese tipo que me auguró que jamás trabajaría en una radio como locutor.
En Colombia no logré actuar como quise, aunque con ese programa que hice con Sefair pude hacer algunas cositas como actor, pero de eso nadie supo porque me censuraron ese programa. Con el tiempo se vendió a un canal de Estados unidos. Esa fue una de las razones por las que me vine a España, porque en mi país tenía el futuro cerrado en mi campo y no quería dedicarme a otras cosas como me decía mi mamá que, incluso, me echaba en cara el haber perdido el tiempo estudiando algo que no me serviría en la vida. A pesar de algunos contactos, incluso políticos, no logré llegar a la televisión. Al llegar aquí a España fue cosa de tiempo para hacer cosas que jamás podría haber hecho allá, pero eso es otro tema.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

EL SEGUNDO QUINTO.


Llegué esa mañana y Rigo me esperaba en el salón de grado 11 y riendo me decía que ese era mi salón y que podía entrar. Me despejaba el camino para que entrara, pero yo pasé de largo y seguí al salón de mi hermano en décimo grado; quinto de bachillerato. Al inicio me sentí raro, pero después de presentarme al frente del salón ante todos mis nuevos compañeros, entré en confianza. En ese momento aproveche para presentarme como Jason. Oficialmente había adoptado mi nombre artístico que había nacido tiempo atrás; Jason Tigreros.
Muy a diferencia del grupo que iba delante de mí, los de sexto de bachillerato, en el grupo donde me hallaba me sentí aceptado sin problema alguno, encajaba entre ellos, aunque al comienzo mi hermano parecía querer dejarme en ridículo, pero fue solo al inicio, después éramos simples compañeros.

Me quedaban solo 2 años de estudio y quizás fue por no sentir ese rechazo con mis nuevos compañeros que decidí disfrutar del tiempo restante. A la mierda preocuparme por las notas, a la mierda todo. Hay que gozar de la vida. Me había desatado, era de los que ponían recocha en el salón. Nunca fui líder ni popular, pero no pasé desapercibido. Me propuse ser buen estudiante, pero a pesar de las décadas, no logré cumplir esa propuesta. Nunca fui buen estudiante, ni siquiera en la universidad. Hasta la imagen de mis profesores era nueva, los vi de otra forma sin importar qué tan bien fuera en sus clases.
Pero siempre mis resultados en Física, Química y Cálculo fue desastroso y no tardé en seguir perdiendo esas materias. Nunca las entendí, nunca me gustaron, recuerdo que en sexto de bachillerato mi hermano fue quien me ayudó a ganar el año, no porque me explicara esas materias sino porque en los exámenes él me pasaba la respuesta en papelitos, de lo contrario creo que el Seminario de Cristo Sacerdote de Palmira, me habría jubilado hace rato. Y fue debido a esa situación que en quinto pensé seriamente en el suicidio. Iba mal en las tres putas materias de siempre y hasta creí que podía perder el año, antes de eso prefería morir y lo planee bien, necesitaba un 7 de Física que era imposible que sacara.

Como siempre había llegado temprano al colegio y caminando por los corredores del colegio pensando qué hacer, buscando otra solución y hasta yendo a la capilla a hacer promesas, me encuentro en las escaleras al padre Fabio Cortés, le pregunté si tenía tiempo y me dijo que no, era mi salvación, pero se me fue de las manos, así que regresé al salón a esperar a todos cuando él se me aparece por detrás; Tienes cara de tener algún problema serio, qué te pasa? Y le conté desahogándome en llanto. Tranquilo, yo te ayudo. Y sí que lo hizo al final, le estaré muy agradecido hasta el final. Había conseguido un frasco con pastillas para dormir y tenía algún dinero para una caneca de aguardiente. Si perdía el año o habilitaba la cosa era sencilla; me bebía la caneca y me tomaba el frasco entero. Fin del asunto. Pero la cosa tuvo un final menos trágico y eso se lo debo al padre Fabio.

Ese quinto, a pesar de todo, fue el año en que disfruté de la vida, fue el año en que me corrompió esa vecina en mi cumpleaños 16, ella con un poco más de 30. Fue el año de los polvos con Deyanira, casi todos en el colegio llegaron a saberlo (Si la capilla hablara), fue ese año en que todos me felicitaron por romperle el tabique a Potes. Me tenía asoliao desde inicio de año, gustaba de joderme mucho sin yo hacerle nada. Odiaba ese apodo de embarazo quien me puso Ronald Castillo mientras esperábamos el bus para ir al colegio años atrás, su razón era que yo era gordito y barrigón, cosa que no lo era en ese entonces, quizás hoy día si. El apodo se popularizó en el colegio, cosa que me sacaba de genio que me lo dijeran. Y Potes, un negro alto y grueso, de cursos inferiores al mío, solía decírmelo constantemente:
-No me jodás, ombe, no me digás así-
-Respetá que yo no te jodo, güevón-
Pero eso era darle más pedal para que siguiera.
Cierto día me lo encuentro en el recreo y cae de rodillas quejándose de un fuerte dolor de estómago, lo ayudo a levantarse y me dice agarrándose el vientre;
-Uy, marica, llévame al hospital, que ya estoy dando a luz-
Lo entendí segundos después cuando salió corriendo muerto de risa. Y es que era normal en él joderme así, a veces estaba con sus amigos y comentaba cosas en voz alta para que yo lo oyera, cosas como; Una tía mía está en embarazo.
Remarcaba el embarazo y cuando yo le hacía el reclamo él serio me respondía que qué tiene de malo que su tía estuviera en embarazo? En el recreo era normal escuchar como gritaban a lo lejos ese apodo y yo llegué a ese punto en que una tarde decidía poner punto final a eso. Esperé a que el bus sapote llegará y así no me dijera nada le iba a dar su tatequieto. Efectivamente pasó detrás de mí, lo miré, él me sonrió con intención de joderme y yo lo sigo, él corre y ahí nos enzarzamos, bueno, realmente lo enzarcé en una tanda de puñetazos y patadas. Nos hicieron ruedo y todos era con el:
- Dale, marica.
-Más duro.
-Eso, viejo Tigre dale una por mí.
Y así quedó la cosa, tocaron el timbre de la primera hora de clase en la tarde y me fui contento a clase mientras recibía felicitaciones de todos, hasta Rigo me agradeció, que si no hubiera sido yo hubiera sido él. En el salón llega Banano y me comenta;
-Ve que bajés a coordinación que le partiste el tabique a Potes.
No le creí, pero al poco rato subió Edgar Avila y me lleva a coordinación. Nunca imaginé que la cosa fuera tan grave. Juan Rosas llamó a mi papá a la oficina que él tenía y después del susto (Pensó que algo malo me había pasado) llegó al colegio a regañarme:
-        -  Le hubieras dado un par de cachetadas y listo el pollo-
-         -  Es que no sabés la clase de papás que tiene ese muchacho? Menos mal están muertos o sino estarías en peligro, carajo-
Y era cierto, parece que los papás de Potes eran pequeños narcos que mataron a una cuadra del hospital. Tenían fama de mala gente. Potes parece que vivía con su abuela, una mujer ya muy vieja. El pensó en denunciarme, pero al ser ambos menores de edad nada de eso sucedió, el abogado le dijo que no podía hacer nada por la edad. Días después me llama Potes por teléfono a amenazarme:
-Me las vas a pagar, hijueputa, te voy a quiñar -

Aunque en su momento no sabía quién era. Le conté a mi papá y a su vez él le contó a mi primo Saulo, un policía que también hacía trabajos sucios, habló conmigo y él hizo su trabajo. Nunca supe a qué se refería con hacer su trabajo, pero la cosa se calmó con Potes. Recuerdo que varios años después, cuando me fui a Bogotá a estudiar, en uno de mis regresos a Palmira, estaba yo en la estación y alguien me dice con voz delgada
-Hola
Al levantarme la mirada para ver quien me saludaba veo a un gorila de unos 2 metros, de aspecto rudo, fuerte y un cuerpo que impactaba. Era Potes a unos pasos de mí. Si en ese momento fuera la pelea solo bastaría un golpe de él para llevarme al hospital. Me dio alegría verlo, lo reconozco.

No tuve más peleas desde ese momento. Aunque en el colegio sí que hubo más, como la de Alejandro Reyes y Papo, con traición y que tal. Papo se iba a quitar las gafas para pelear y Reyes lo cogió a traición. Tiempo después en una rumbilla que hice en mi casa ellos terminaron abrazados reconciliándose. Arias y otro compañero se agarraron en el barrio donde íbamos a hacer las horas sociales. Hernando Paredes, quien era el director de ese proyecto, se pegó su emputada cuando vio a estos dos peleando delante de la gente. Inmediatamente nos regresamos al colegio. De verdad nunca había visto al profe puto.

Esta fue una buena época, los Viernes íbamos al barrio 20 de Julio, aún en construcción, a hacer horas sociales en una escuelita del barrio. No me gustaba ir al inicio, porque me ponían todo un salón entero para mí con niños indisciplinados, además las calles eran destapadas y cuando los carros pasaban se levantaba esa polvareda que no dejaba respirar. Pero con el tiempo a mí me dejaron solo un grupo de niños que querían aprender primeros auxilios (Aprovechando los conocimientos que tenía sobre el tema, aprendidos en ese grupo llamado Cuerpo de Voluntariados para Emergencia, cuya sede estaba en el club de leones del recreo) y con el que logré impartir mis conocimientos a un pequeño grupo. A veces echaba una mano a alguna profesora y hasta fuimos jurado de un concurso de belleza infantil de ese colegio: Gato, Caro, quizás uno más y yo fuimos los que escogimos a la más hermosa de las niñas. A punto estuvimos de dejar a la negrita más fea como reina:
-Muchachos, de cagada dejemos a la negrita- Nos propuso Gato riendo.
Y no era mala idea, pero al final decidimos comportarnos, pero la tentación estuvo hasta el último instante cuando la negrita fea y las más bonita estaban de últimas. Reina y Virreina. Caro presentó la decisión, pero quedó marcado por semanas cuando cometió el error de decir:
-          -Y ahora este es el resultado, tata tatán…-
Música de fanfarrias? ¡Por favor!, en el salón cuando Caro hablaba no faltaba quien hiciera ruidos de fanfarrias; tata tatán.

Paul Escobar tenía su pretendiente en este barrio, una mujerzota de unos 17 años estudiante del Colegio Cárdenas, una patona que estaba bien y, ya ni me sorprendía, conocía a mi papá. Parece que estos dos tuvieron su cuento. Yo solo iba a enseñar primeros auxilios a esta primaria, por eso casi le practico socorro a una profe que me miraba con malas intenciones. Solo pude hacerle respiración lengua… perdón, quise decir boca a leng… a boca.

En el salón hubo momentos en que se empezó a vender cocaína gracias a Pucheca (Arana), ya me extrañaba que salieran tanto al baño y era por eso, solo hasta que alguien me contó delos ojos rojos pillé quienes eran los que se volvía drogos, pero eso fue solo en el Quinto de bachillerato.
Arana le decía Pucheca, no sé por qué. Era fuerte, alto y, aunque no le vi pelear, se veía experto en el tema. Sabíamos que le metía al vicio, hasta me llevo mi medicina, no la probé por miedo, pero la vi con una poco de ladrillo molido.

Arias (Campanero), vivía en Tablones junto con Rogeles (Et) y Libardo Díaz. Arias jodía mucho y se agarró una vez con Et. Solía verme y decirme levantando el pulgar
-Bien con esos tamales? – Se refería a mis zapatos.

Douglas Bloug a quien llamábamos el gringo o marrana mona, según Reyes, también le decían McArthur. Su nombre completo era Michael Douglas Bloug McArthur. Era de Estados Unidos y llego sin saber español al colegio, inmediatamente Bayona fue amigo de él y así aprender más el idioma y de paso, enseñarle al gringo. No me cansé de reír cuando le ponen en papelitos frases para que las dijera en su español agringado:
-Gringo decí esto-
Y leía frases como Arias es un campanero. Quiero tamales (Arias les puso así a mis zapatos) Huevito mama polla de caballo. Celimó las huevas. Leal es una vaca.

La pasamos bien ese momento, no faltaba el que le pasaba alguna frase que nos hacía carcajear a todos y no faltaba el sapo que nos pidiera ya basta, que podía venir alguien y pillarnos. Pero así aprendió español Douglas a quien enseñé a hacer Chancarina. Le encantaba.

Diego Bayona (Pastor, por estar guiando al gringo), estudió en el Liceo Santa Teresita, yo iba un curso delante de él. Era bueno para el inglés y creo que después del colegio se fue para USA. Sus papás intentaron meterse al narcotráfico, pero lo vieron duro y quizás lo dejaron. Eran dueños de una estación de gasolina y hasta la policía les allanó la casa.

Vera, el gordo, siempre le fue bien en los estudios, era muy aplicado y no se metía en problemas con nadie. Sus notas siempre fueron altas y no me sorprende que hoy día esté bien económicamente.

Galarza, tuvo un pasado trágico, iba de regreso a casa desde la finca con alguno de los locos Higuita (Hernán y su hermano) y sus papás cuando lo cogieron sicarios, los mataron delante de ellos. Galarza quedó bajo custodia de su tío, aquel quien se llevó a la hermana Blanca, la monja que estuvo en el colegio, y con la que se casó después. Cuando cumplió la mayoría de edad, según decían, el tío debía devolverle lo que por ley heredaba de sus papás, pero parece que el tío no quería hacerlo ni su esposa, la hermana Blanca, creo era su nombre, o quizás Clara Nidia.

Tuti estuvo de novio con una amiga del barrio, Yolanda, el pobre nunca supo con quien se metió. 
Lo de Prepí, porque por cualquier cosa se ponía colorado, como un pene. Prepí era el disminutivo de prepucio.

Los Higuita, Hernán erra llamado el loco por la sencilla razón de que estaba loco. Sufría de epilepsia teniendo una dentro del salón. Me sorprendía de Hernán que tuviese una capacidad auditiva increíble, escuchaba un leve susurro a muchos metros de distancia.

William Leal, La vaca, por sus gafas enormes solía dibujarlo en el tablero como una vaca con cuernos y gafas, me quedaba idéntico. Era tranquilo y no se metía en problemas, de hecho eran pocos los conflictivos en el salón.

Ronald Alonso Castillo, era el líder del salón, vivía a una cuadra de mi casa, duró años con su novia Margarita. Tuvo una muerte fea; fue un Diciembre, si mal no recuerdo, lo vi salir esa mañana en la camioneta verde y después me llegó la noticia que se había estrellado frente al parque de la caña. No murió instantáneamente, sino lentamente, el volante le aprisionó el pecho ahogándolo, nadie pudo sacarlo a tiempo. Por eso dentro del ataúd su color era morado.

Chappy, quizás le decían así por el personaje de Ton Gun, Chappy, siempre tuvo bozo, fue novio de Mónica, pero creo que no supo con quien se había metido. Parece ser que fue primo lejano mío, él era familiar de mi tía abuela Omaira.

Paul Andrés Escobar, tenía buenas notas y era sobrino de la secretaria del colegio, Floralba. Fue novio de la Patipeluda, no sabía por qué eran tan crueles con esos apodos hasta que le vi los brazos a ella, tenía más bellos que mí y que un oso. Me reí por horas. Vivía frente a las casas fiscales.

Gato, no me acuerdo de su nombre, creo que era algo así como Mauricio. Era gracioso verlo reír con sus enormes dientes, morenito y orejón. Decía que quería irse a Francia a estudiar francés, y hasta el momento sigue ahí en París.

Rico, nada malo de Rico, solo que años atrás le llamaban el enano Enrico. Siempre me pareció buena gente. recuerdo la foto que nos tomó mi papá el dia de grado; salé él intentando ocultarse.

Reyes, fue mi amigo y reía con mis historias, alguna vez fui a su casa a hacer un trabajo de Biología.

Potter, William Martínez, amigo mío. Palmira estaba llena de grafitis con la palabra Potter, él era su autor. Vivía frente a las casas fiscales. Bebía mucho, recuerdo su bicicleta amarilla de plato pequeño. Estuve en su casa varias veces y me amanecí otras tantas. Años después que salimos del colegio se dedicó a conducir el taxi del hermano, Peter, y en una de esas rutinas por la ciudad, delante de él una mujer se estrella contra un poste a lo cual Potter se bajó del taxi para socorrerla. No vio el cable de electricidad que hacía contacto con el vehículo estrellado recibiendo una descarga alta. Creo que duró 3 días hasta morir. Me dolió esa pérdida. La última vez que hablamos habíamos quedado en vernos para tomarnos unas cervezas.

Sanguino, que se me parecía a Gustavo Cerati, Saa y Kuri, eran los ricos del salón, buen gentes y buenos estudiantes vivían en Las Mercedes o Miriñao, de familias pudientes en la alta sociedad de Palmira. La tía de Sanguino era igualita al personaje de Qué nos pasa llamada Doña Soila. Cuando ella iba al colegio era normal escuchar a lo lejos el llamado de alguno para Soila.

Abraham Victoria Olivares, era del combo de Ronald y Chappy, solía ir en moto al colegio. Era caderón y nalgón, jugaba bien al futbol.

Aldemar Caro, conocido como Jetón o Vulva, por su impresionante tamaño de jeta que tenía, bueno, que aún tiene. Caro fue el responsable de que me echaran a la pileta un 24 de Octubre. Recuerdo bien que veníamos en el bus del barrio 20 de Julio y alguien dijo que yo andaba de cumple. Quise bajarme antes de llegar al colegio, pero antes de empezar a gritar para que Hernando Paredes me oyera más de uno me cayó encima  y no me dejaron gritar. Al llegar al bus entre varios me llevaron a la pileta donde las vacas toman agua y por mucho grito mío, por mucho forcejeo me tiraron con esa agua sucia llena de insectos. A la mierda… me fui yo. Mojado y sin medio de transporte, Abraham me llevó hasta la casa. Caro solía llamarme Care papa, porque dizque mi cara parecía una papa.

Juan Pablo Guido, conocido como capitán muñeca, Juanpi, Pomi, Pomponio por el personaje de las historietas del mismo nombre. Era de los vagos y al igual que a mí, solíamos perder materias.

Polanco que por la forma de hablar le llamábamos Atata.

Pedro Andrés Fossi, bajito, gordito y buena gente. 

Dulci, olvidé su nombre, era el afeminado del salón, Dulci por Dulzura, caminaba muy gay, pero en el exámen del batallón no le vi nada de gay, grande sí que la tenía. Vivía en el ingenio Castilla.

Nieva, era el único que estaba encaminado al sacerdocio. Negrito, flaco y buen estudiante. Le llamaban chorro de humo o ñaña.

Huevito, el paisa, su nombre era Iván Giraldo, delgado, buen estudiante. Vivían a una cuadra de mi casa.

Mazuera, Chupito o Droopy le decían, era calmadito, de mirada dormida. Tenía fama de ser lento, no sé por qué. Al final de curso iba mucho al gimnasio y ya se le notaba músculos. Iba al colegio en una FZ.

Recuerdo a uno que perdía años, nunca estudié con él, pero se le recuerda. Héctor Fabián de los Ríos, vivía en Fátima, un barrio al lado del mío. Su mamá solía traernos a casa, salida del colegio. Una vez me llama mi papá y me cuenta que Héctor venía una noche de las fiestas Pradera, recién había tanqueado ese carro verde claro y al estar un tanto tomado se durmió en una curva estrellándose contra un poste de luz. A los pocos segundos se empezó a incendiar el vehículo y como estaba atrapado no pudo escapar. Cuentan testigos que sus gritos eran horribles. ¡Fea muerte!

Diego de José Suárez Barreto vivía cerca de casa, a una cuadra. Tenía una hermanotas hermosas e inteligentes. Me gustaba Adriana, aunque después fui amigo de Raquel. Su papá era ya un hombre mayor y su mamá era una… mamacita que me gustaba verla de espalda. Era gracioso verlo cómo arremedaba al profesor Hugo Zúñiga cuando decía –Pero mira, hijo-
Suárez se ponía un dedo en una mejilla y decía lo mismo. Su risa era inconfundible. Hace poco me encontró él en el Linkedin.

Habían más compañeros, la verdad éramos como 45; Galarza, Papo, Calmala y otros pocos de los que no me acuerdo en el momento.

Sí, me gocé esos dos años restantes a pesar de mi intento de suicidio, pero me los gocé. No fui buen estudiante y reconozco que si no fuese por mi hermano César yo no habría salido nunca del colegio, la verdad es que cuando fuimos a la ceremonia de grado creía que era un sueño, tenía miedo que llegara el padre y me dijera
-Usted, Tigreros, perdió el año. No puede graduarse-

 De verdad que era mi miedo, cuando terminó la ceremonia yo apresuré a mi mamá para irnos rápido del colegio, no fuera que me salieran con esas. Nunca creí, en su momento, que me hubiera graduado y todo se lo debo a César que me ayudó en los exámenes pasándome las respuestas.

martes, 18 de octubre de 2016

El Bachimberato



Me parecía mentira haber llegado a primero de bachillerato, estrenando hasta pantaloncillos y unos jeans que me quedaban muy grandes, era para que me durara unos años, decía mi mamá. Ya empezábamos a salir de esa época oscura, aunque aún quedarían unos años, de hecho creo que la cosa cambió para bien con el padre Célimo, pero eso lo contaré en su momento. Los tres primeros años la pasé siempre habilitando y a veces rehabilitando Matemáticas. ¡Cómo detestaba yo esa materia! Siempre los profesores de estas áreas eran arrogantes y lo tachaban a uno de bruto e ignorante. Hoy día les doy la razón ya que soy un negado para los números. Confieso que no sé dividir por 3 cifras. Pero también es cierto que estos profesores, a mi parecer, no sabían enseñar, no supieron cómo hacer para que uno se interesara por los números. Parra (Creo que era José Antonio Para) le decían pa rascarse el culo, vaya profe tan desagradable, arrogante y mala persona. No tenía pedagogía y si le echaba el ojo uno simplemente le hacía perder la materia. Trabajaba en el Cárdenas y de paso mi papá lo conocía, la verdad es que muchos del Cárdenas enseñaron en el Seminario; Quiceno, Insignares, María Teresa Culo, Enith Leal, Don Hernando era ese intermediario, ya que él trabajaba ahí y en el Seminario. Y muchos más que no recuerdo ahora. Parra tenía dos hijos estudiando en mi colegio, pero ellos no eran como el papá, eran buena gente. Conocí amigos de mi papá del Cárdenas y nunca me hablaron bien de él.
Recuerdo, no sé en qué curso, que Andrés Felipe Martínez solía dibujar un papagayo en la hoja de los exámenes que este profe nos hacía y nunca le dijo nada ni le llamó la atención a Martínez, pero cierta vez copié eso de hacer un dibujo y Para pensó que le estaba echando apodos a él, como si tuviera huevos para hacerlo, y en el examen que yo sacaba 5 me puso un cero por dizque irrespetarlo. En otra ocasión me quitó un libro, El hombre que calculaba, en el que traía al final unos ejercicios matemáticos. Mi papá me lo regaló a ver si así mejoraba en esa materia, pero al Parrita este le dio por quitármelo por no ser un libro de Matemáticas, le insistí mucho para que me lo devolviera, después de clase, y hasta me quería cobrar 500 pesos por el decomiso, eso era tan caro que por menos podía comprarlo de nuevo. Al final me lo devolvió. No tengo nada bueno qué contar de este tipejo, mis recuerdos con él no son buenos. Solía llevarse bien con los de siempre.
Nelson Ospina era abogado y nos dio Educación para la democracia e Historia. Era amigo de mi papá porque tenían sus oficinas separadas a solo unos metros de distancia. Alguna vez me sacó de clase. No me llevé mal con él, pero me parece que era muy hablador, muy cuentero y mentiroso, al menos ese recuerdo me queda de él. Quizás no fuese así, cómo no olvidar su voz.
Quiceno era amigo de mi papá y yo lo fui de Juan, el hijo que llevaba el mismo nombre. El profe tenía un colegio Cárdenas en el Bolo. Juan fue muy amigo mío en su momento. El profe nos daba Geografía y siempre se caracterizó por su enorme barriga. Nos acompañó varios años en el colegio. Juan era un tanto indisciplinado, cansón y tuvo su momento en que los profesores tenían quejas de él y a muchos les caían mal. Cómo no olvidar ese momento aterrador en que empezó a pelear con Cuácula en el salón y Carvajal dando la espalda, a esa ventana que el profe Ricardo Cortés le había hecho una persiana de madera que quedó mal colocada, no vio venir al profe estrellándose con él al girar sobre si contento porque le estaban pegando a Juan. Nunca nos esperamos que el profe agarrara a su hijo de una oreja para lanzarlo hacia el rincón donde estaba el tarro de la basura, sacarse la correa y empezar a darle mientras todos nosotros veíamos esa escena de terror pensando que nos iba a acoger a todos a darnos una paliza. No había ruido, solo se oía la correa acariciar el cuerpo de Juan y posteriormente el llanto de él. Qué gracioso sería ver nuestras caras en su momento. Y como siempre fueron buenos para los apodos al día siguiente él pasó a llamarse Correazo, por el fuete que le dieron.
María Teresa, era compañera de mi papá y en algún paseo de profes del Cárdenas la desconocí, porque borracha no era la mujer recatada que conocía del Seminario. Hasta me puso el culo desnudo en la cara en una piscina ese día que Lucho Herrera ganó el tour. Ella nos dio Religión y alguna materia más. Solía declamar poesía, cosa que nunca me gustó, ya que se metía tanto en su papel que me daba miedo, parecía enojarse cuando declamaba y si lo hacía en el salón a mí me entraba una vergüenza ajena que no quería repetir de nuevo. Alguna vez escuché el rumor de que Cadavid y Palma se la había comido, pero nunca lo creí. ¿La profe María Teresa en esas? Pero si es toda una señora. ¡Qué ingenuo fui, lo admito!
Edgar Avila, excelente, casi nunca estaba mientras practicábamos algún deporte, mejor dicho en clase, pero se dejó querer. Personalmente tengo buenos recuerdos de él, no le conocí nada malo. Supe que fue el último de esa generación que salió del colegio, de hecho terminó jubilándose ahí. El fue el sobreviviente de varios profes de educación física que hubo en su momento. En mis últimos dos años solía escaparme en las tardes al llegar la hora de deportes, era toda una aventura escaparse ya que había que atravesar unos 300 metros de carretera bajo el riesgo de que entrara el carro de Célimo o de alguien más y nos pillara. Una tarde casi nos pilla el padre Fabio y la adrenalina fue única en ese momento, nosotros 3 en el suelo, como en una película de guerra, inmóviles, su carro detenido como buscándonos, se devolvía y cambiábamos de posición. ¡Qué tiempos!
Enith Leal, ¿Cómo no olvidar sus tetas? Muchos la llamábamos a nuestro puesto pero era solo para tener de cerca esas enormes pechugas. Debía tener veinte tantos años, era hermosísima, según recuerdo y cuando Palma me enseñó eso de hacerse la paja yo inauguré mi primer pajazo pensando en ella. Tenía un compañero, Humberto Prada Rada, primo de Juan Carlos Prada. Humberto era el más viejo del salón, le llamaban el abuelo o papá Pitufo, él debía tener unos 17 o 18 años cuando nosotros estábamos en tercero o cuarto de bachillerato. Iba al colegio en una moto grande y a veces se llevaba a la profesora Enith en moto como todo un príncipe azul. No necesitaba oír rumores falsos o verdaderos para darme cuenta que ellos tenía algo. Supe que la había invitado a esa fiesta en el batallón, no recuerdo que se celebraba ni con motivo de qué era ese evento, el caso es que ella aceptó. Cierta mañana que llegaba yo al colegio, casi siempre llegaba temprano, se acerca a mi Soto, Sotonto, el bobo y quien sabe cuántos apodos más tenía y me dice con cara de tragedia; Tigreros, mataron a Humberto. No le creí, pero a todo el que llegaba al salón le decía lo mismo así que dudé de que no fuese real. Y nos contó lo que había pasado hasta que apareció Don Hernando triste y nos confirmó a todos. Soto lloró, yo estaba asombrado. Y al hacer la fila antes de entrar llega María Teresa y al vernos suelta a llorar, había varios compañeros que la siguieron en llanto. Fuimos a su entierro al cementerio. Enith creo que fue a su entierro, no estoy seguro, pero si recuerdo que la vi llorando apartada de todos. Humberto fue el primero del salón en irse, pero no el único del colegio. De los primeros creo recordar a un Caloche que vivía en Providencia, parece que le pasó una tractomula encima.
María Libia, fue profesora de Inglés y Francés, era fea de cara, alta y culona, a decir verdad, era caderona. Buena gente y hasta me compró algunas boletas de una rifa que tenía en aquel grupo de primeros auxilios allá en el Recreo. Una vez me arriesgué a invitarla a un bingo que se iba a hacer en esa discoteca diagonal al Cárdenas y para mi sorpresa ella aceptó. La acompañé casi toda la noche porque iba sola. Y hablando y hablando, bebiendo y bebiendo terminamos besándonos. ¡Wow! Un día me coge y me lleva a la sala de profesores para decirme seria que la disculpara, que eso nunca debió pasar, que no le dijera a nadie. Terminamos de beso apasionado ahí en esa sala.
Flavio Arango, buen profesor, aunque nunca entendí su materia y nunca entendí por qué un hombre calvo y feo tenía a sus pies todo un colegio femenino como el San José de Avila. Nunca entendía eso y era risible cuando corregía los exámenes de estos colegios ver los mensajes tan atrevidos que le ponían; te amo, flavito, eres mi amor, cuídate, pon donde quieras este beso. Solo faltaba que le enviaran los calzones. Era muy amigo de Rivera, Palma, Prada, Guillermo y ese grupo, por eso solo fueron los únicos del colegio que invitó a su boda. Rigo solía imitarlo bien, llegaba, se paraba al frente del salón, se tocaba los bolsillos de la camisa y decía el típico; Por favor nos sentamos.
Insignares, el costeño, tenía hijos ahí en el colegio, buen profe y fue gracias a su amistad con mi papá que pasé raspando una vez sin necesidad de habilitar.
Hernando Paredes, profesor de filosofía quien me cayó mal por pillarme haciendo chancuco en un examen. Doble 1 me puso. Pero con el tiempo me lo encontré en el bosque haciendo natación cuando yo iba los fines de semana a hacer natación y a partir de ahí nos hicimos amigos. Chávez me decía que él se presentaba todos los años al ICFES sacando buen puntaje siempre, pero nunca le interesó estudiar otra cosa.
Ricardo Cortés, pasó desapercibido, aunque para mí fue una influencia grande, aprender a dibujar dibujo técnico era algo asombroso, mágico el sacar perspectivas desde el punto de fuga. Fue por su culpa mi amor a este tipo de dibujo, punto, líneas y cómo poco a poco iba apareciendo un objeto, ya sean unas escaleras, un pasillo, etc. Con uno, dos o tres puntos de fuga, eso era para mí otro universo, un mundo lleno de magia. Por cierto, solía hacerles los dibujos a Guarín y Lola, hermano menor del profe Ricardo, hasta el último año les hice los dibujos cobrándoles poco, 20 pesos, aun así Guarín me quedó debiendo como 80 o 70 pesos de ese entonces. JAMAS me los pagó.
Jorge Bravo, llegó a ser director de grupo de décimo grado. Era buen profesor, tengo buenos recuerdos, solo que lamento no haberme leído ni un libro de los que nos puso a leer en clase. Algunos le llamaban Bollo negro o Centella, ya que usaba casco cuando viajaba en moto. Según un rumor que circuló en el colegio era el padre no reconocido de Harold Cadavid. Tenía su parecido razonable.
Téllez era el profe de Física, una clase interesante para poner a prueba a gente que tenía problemas de sueño. Era entrar a su clase y caer knock out de una. Nunca entendí sus clases, me parecía aburridas, pesadas, por eso cuando llegaba su clase aproveché siempre para escribir Por lo suyo. A decir verdad el primer quinto que hice casi lo gano, debo reconocer la ayuda de Guarín y Lola quienes me ayudaron a obtener una buena nota al final de curso, casi me queda en 5, pero no fue suficiente, aunque gané física, química y algebra me quedaron pendientes 5 materias más y perdí el año. Mejor así, ya que si pasaba haría un 11 muy mal hecho.
Deyanira, la profe de Inglés. Empecé piropiándola, diciéndole que hermosa estaba hoy y charlando con ella en el descanso. Pero fue en otro bingo, como sucedió con María Libia, que la cosa se destapó. Ella arriba de la discoteca y yo en el grupo haciendo cosas, a ratos subía para ver cómo estaba la profe, si se le ofrecía algo, quedándome unos minutos con ella, hasta que en un ir y venir mío, casi rogándome, me suplicó que no la dejara sola, que no bajara y me quedase con ella. Yo estaba un poco tomado y le dije cuanto me gustaba. No dejó terminar mi cháchara y me besó. Nos besamos. Y mi mano inquieta empezó a tantear terreno y profundidad. Y al acabar el bingo en vez de quedarme con mis compañeros del grupo decidí irme con Deya. Eran como las 4:30 am y cogimos por la 42, encontramos un sitio a la entrada de una discoteca cerrada y allí pasó lo que tenía que pasar. No teníamos dinero para pagar un motel, pero ahí empezó esa historia que duró unos meses largos.
Nadie supo de ello hasta que le conté a Alejandro Reyes quien me pidió detalles con pelos y señales, la verdad era más con pelos que con señales. Pero muy a pesar de que le hice prometer que nadie más sabría de esto, fue en el descanso que casi todo el colegio lo supo en silencio.  Ya me extrañaba que compañeros del salón vinieran a mí a pedirme que les ayudara con Deyanira para pasar la materia y yo lo hacía, hablaba con ella y muy a regañadientes terminaba pasándolos, pero de un momento a otro empezaron a venir de otros salones a pedirme y pagarme para que les ayudara. No faltó el chantajista, pero hice bien en no ayudarlos y en negar las acusaciones de que ella y yo teníamos algo. Era muy fea para mí, decía yo, como para fijarme en ella. Con el tiempo la cosa se terminó y ella se fue con un profesor que era ayudante de Londoño, el de Química, no recuerdo su nombre, pero le pusieron Care pendejo. Que tipos para acertar con cada apodo y es que, si lo mirábamos con detalle, este profe tenía cara de pendejo. Posteriormente, en ese mismo año, ella se fue con el profe Julio César Tilano. Vaya perra, pero me gustaba mucho. ¡Si la capilla hablara!, ¡si la terraza que había pasando por la capilla también hablara!, ¡si ese salón en el tercer piso que tenía una cama hablara!, ¡si la antigua biblioteca hablara!, mejor dicho ¡si el colegio hablara!
El profe Hugo, nos dio dibujo técnico basado en unas cartillas de un profesor del Raffo y también nos dio Física, le llamaban Vampiro o ¡Mira, hijo! Por la expresión que él tenía con nosotros de; ¡Pero mira, hijo!
Don Artemo era el jardinero, cuidaba parte del campo del colegio, aunque ciertamente tenía descuidado el patio del colegio. Siempre se le veía trabajando, no estaba quieto. Pero el patio del colegio lo tenía descuidado con la yerba muy crecida en algunas partes. Alguna vez vendió mangas en el recreo. Debo reconocer que le gustaba su trabajo y lo conocía muy bien. Creo recordar que decían que Lola fue hijo no reconocido de Don Artemo.
Don Rafa o Carepuño, este fue un apodo que estaba hecho justo para él. Era verlo y oír su sobrenombre y darse cuenta del por qué le decían así. Tenía un defecto en el rostro, un lado de este estaba como desfigurado, como corrido hacia un lado, como si le hubiesen dado un puñetazo y el rostro se quedara así congelado en ese preciso momento. El fue encargado de la portería. Delgado, de aspecto frágil, bajito y buena persona. A veces durante el recreo se escuchaba alguien gritando a los lejos Carepuño.
Don Hernando era el coordinador hasta que terminé la secundaria. Un señor culto, educado y ya muy mayor, con sus gafas verdes características y sus rabietas y coscorrones de los cuales nunca llegué a probar, pero Banano (Juan Fernando Olave) sí que fue experto recibiendo esas dosis. Su frase típica llegó a ser; ¡Un momentico, hágame el favor! Cuando se enojaba. Solía ir de salón en salón nombrando a los que debían mensualidad, era gracioso verlo llegar al salón y todos nosotros quejarse, bromeando, diciéndole; No, don Hernando, ya pagué. Pero era solo para verlo enojar. Explicaba que si nos nombraba no era porque debiéramos, sino porque el banco se demoraba en enviarles los datos de los que debía, así que si nos nombraba era para que lleváramos la libreta o talonario. Cierto día cuando él explicaba esto se levanta Olave preocupado y nervioso para decirle; Don Hernando, es que yo ya pagué. La risa no se pudo aguantar.
El padre Célimo, imponía respeto. Contaditas veces lo vi reír. Siempre me pareció de una disciplina enorme verlo todas las mañanas a las 7, o antes, caminar por todo el pasillo del segundo piso leyendo la biblia. Nunca falló en ese ritual de ir y venir varias veces con biblia en mano. Vestido siempre con sotana negra que algunos comparaban con Darth Vader. De voz suave, pero cuando se imponía su voz era potente, inspiraba demasiado respeto, quizás temor o miedo. Alguna vez, delante de la profesora Margot Rizzo nos llamó malparidos y para que nos dijera así era porque habíamos hecho algo muy malo. Las mujeres de la asociación de padres de familia, entre ellas Soila (Que realmente no se llamaba así, pero su parecido con doña Soila, del programa Mexicano Qué nos pasa, era realmente idéntico, hizo que yo le pusiera ese apodo. Creo que era tía de Curi o Sanguino) solían lamberle mucho al padre, claro, eran mujeres y de la alta alcurnia Palmirana. Célimo Gonzáles Recio era de Buga, de las familias más pudientes de este sitio.
El padre Fabio, era muy joven y en más de una ocasión jugó fútbol con nosotros. Nos quería mucho y nosotros a él.  Solía acompañar a los de final de curso a las excursiones que hacían a San Andrés. También solía dormirse en misa cuando era otro quien la daba. Se rumoraba que él y Célimo eran amantes, pero en su momento no me creí eso. Hoy día pienso que fue probable que lo fuera. No juzgo ni condeno eso, la verdad es que me parece que hacían buena pareja, aunque un tanto diferentes. Fabio me ayudó a ganar el segundo décimo que hice, ya que me rondaba en la cabeza el suicidio pare ese entonces. Nunca fui bueno con los números, nunca fui buen estudiante. Gracias, Fabio.
Y cómo olvidar al viejo Juve (Juvenal Alzate), qué personaje este padre. Se le conocía por su olor apestoso, hasta aseguraban que debía ser papá de Guarín y no el indio Rómulo. Nos dio filosofía y religión, gustaba de jugar basketball con los muchachos, sudando y oliendo como nunca. Su frase típica cuando se le preguntaba por algo que hacía quedar mal a la iglesia era; No, es que los medios de comunicación… tanto así que muchos, cuando él nos preguntaba por algo respondíamos con un; no, es que los medios de comunicación… Decía él que tenía muchas feligreses que vivían enamoradas de él y que él, todo un caballero, les decía que era imposible, ya que él era sacerdote y no podía tener nada con ninguna de ellas. Eso fue motivo de risa porque sabíamos que era cuento. A él le debo que me subiera la nota de 3 a 6, pero ese año yo perdí hasta recreo.
Juan Rosas fue otro de mis profes a los que recuerdo bien. No tuve quejas de él, era agradable, bajito y usaba unas gafas grandes que lo hacían parecer una buseta. Edgar Londoño era otro que tenía fans en el Bethlemitas. ¡Mucho suertudo el bobo este! Era un hombre calmado, tranquilo, sereno, pero fui mal alumno en su clase. Tuve más profesores de los que solo recuerdo a estos mencionados, no logro recordar a cada profe año tras año. Se me escaparán más personas que hicieron mi vida en ese tiempo, doña Ligia la de la tienda. Parecía una mafia porque estaba toda la familia de ella en el colegio, su esposo Hugo no solo se encargaba de la tienda sino de un bus al igual que uno de sus hijos. Los negritos de la limpieza del cual fui amigo de uno de ellos y así podría extenderme hasta con los profesores de música o las monjas que hubo en la primaria.

Mis compañeros; había de todo, unos me caían bien y otro no tanto, alguno me caía mal o muy mal. Ya para quinto de bachillerato (Décimo grado) me sentía que no encajaba en ese grupo, hasta una especie de rechazo hacia mi llegué a sentir, por eso cuando repetí curso sentí un gran alivio y aceptación por parte de mis nuevos compañeros. Yo, en su momento le caí mal a Heinar (Al menos eso sentía yo), a Palma, a Izquierdo, ni qué decir de Vargas. A mí siempre salían estafándome, no me dejaban entrar a su grupo. Yo soñaba con ser aceptado, con gozar de la vida como ellos y es que siento que esa etapa de mi vida no la gocé como quería ni cómo debía. Les escuchaba contar que había ido a la finca de Palma, o que había ido a tal rumba con tal pelada o que el fin de semana estuvieron en casa de esta o la otra. Soñaba con tener esa vida, con salir sin importar el dinero, con tener amigas que lo buscaran a uno y no esas mantecas que yo tenía. Si, en mi barrio me llamaban el duro de las mantecas por haberme comido a casi todas. Ellas sí que me buscaban a mí, pero lo que deseaba es que una mujer estudiada, culta y que me aportara algo en mi vida se interesara por mí así como yo veía a Manrique, Olave, Polanía, Izquierdo. A todos. No era envidia lo que sentía, era malestar por no tener esa suerte, por no vestir como ellos lo hacían, con sus buenas pintas, por poder invitar a sus novias a comer algo y yo ni siquiera podía invitarme a mí mismo a una gaseosa a la tienda. Otros hablaban de sexo y yo en ese momento el único polvo que tenía era con Manuela. Quería tener amigas bonitas del Bethlemitas o del San José.
Mis únicos amigos fueron Vélez y Chávez con los que pasé buenos ratos en cine o en la 31 andando, incluso cuando ya no estaba en el mismo curso. Pero a pesar de ese rechazo que sentí en su momento debo agradecer a Guarín por haberme ayudado a intentar ganar el quinto. Creo que fue el único que me ayudó junto con Lola, porque los demás… les importaba un pepino. Efectivamente gané química, cálculo y física, pero me quedaron pendientes 5 materias más y perdí ese año. Ya lo dije antes, era el bobo de la clase. Todos se reunían en clase de Flavio a hacer los ejercicios y Palma se reía porque yo quedaba solo, nadie quería hacerse conmigo, ni siquiera Chávez ni Vélez.
¿Vos vas a hacerlo solo? Y se reían, intentaba hacerme en algún grupo, pero no me dejaban entrar. ¡Las lágrimas que derramé durante los exámenes! Eso no era disfrutar de mi época escolar. ¿A eso se referían cuando me decían que disfrutáramos de esa época que era la mejor de la vida? Profes y egresados nos repetían una y otra vez de gozar es vida, pero yo no lo hacía, ni amigos tenía, solo tenía stress, preocupación de perder materias y en casa mi mamá con sus cantaletas debido a eso y mi papá amenazando con ponerme a vender pescado en la Galería si perdía el año.

Neiver Armando Vargas nunca me cayó bien, lo conozco desde que estudiaba en el Liceo Santa Teresita. Neiver tenía una forma de ser muy desagradable con sus gustos musicales de los abuelos, quizás eso era porque en su casa tenían una taberna y mesas de billar. Era alto, gordo corpulento y una mentalidad quizás anómala. Le preguntó al profesor Nelson Ospina si él podía matar a alguien en una pelea y este profe le contestó que si, por ser en defensa propia, puso Neiver un ejemplo de que si salía corriendo de una pelea y lo perseguían entonces podía matar al otro con cualquier arma y Nelson le dijo que si podía hacerlo. Quizás por eso Neiver intentó, en una pelea con Guarín, tirarlo del segundo piso, cosa que no pudo porque varios compañeros, entre ellos Polanía, lo detuvieron. Me cayó muy mal cuando, después de la muerte de Humberto, hacía comentarios desagradables sobre él; que si le había dicho que de ese año no pasaba, que las tenía que pagar, que él solito se había ido.
Una vez fue a mi casa al medio día con su papá en la tricimoto por aquello de que mi papá estaba vendiendo esa vieja moto, una Kawasaki 100. Le vieron, la probaron, hicieron negocio y quedaron en que lo pensaría. Esa tarde Neiver me cogió de desahogo, empezó a hacerme comentarios desagradables: que esa moto regalada era muy cara, que mi papá no sabía de negocios, que mejor la vendiera por chatarra, así le sacaría algo de dinero, que yo era un bobo, que le dijera a mi papá esto o lo otro.
Y se puso a contarle a todos lo de la moto. Pero cuando le dije que eso no era problema mío él se enojó y temí que me pegara, no por pegarme sino porque con esa mentalidad me hubiera matado y sabiendo cómo eran las cosas en mi vida yo terminaría jodido y él saldría victorioso. Neiver era un lunático, le gustaba molestar, pero que no se lo hicieran. De verdad no me caía bien por eso, así que cuando se saltaba las rejas para ir al baño en vez de dar esa vueltota, yo me alegré mucho cuando resbaló y se ensartó ese chuzo a un lado de la rodilla, cuando lo vi creí que se había atravesado la rodilla. Empezó a gritar mi pié mi pié y Edgar a su espalda viéndolo no sabía qué hacer. Reaccionó tarde levantando su pierna y dejándolo en el suelo adolorido. Se lo llevaron al hospital con esa herida abierta. Me alegré, no pude evitarlo.
Cuando estaba yo estudiando en Bogotá una vez me llama mi mamá a saludarme a ver cómo estaba y de paso me contó que acababa de llegar del entierro de Vargas, se había matado limpiando un arma, pero con el tiempo la versión cambió a que fue un suicidio. Se disparó a si mismo. Casi parecido a como murió Humberto de quien se burlaba después de muerto. Solía ver a Neiver en moto por las calles, estaba gordísimo, nunca lo saludé ni quise entablar contacto con él.
Palma, le decíamos así aunque ese era el apellido materno (Andrés Augusto López Palma) sus papás eran amigos de mi papá. En su momento pasó a ser el más viejo del grupo, le decían niño Dios. Harold lo dibujaba en caricatura, se hacía unas buenas caricaturas de todos, recuerdo esa en la que salía Palma en el pesebre como el niño, María Libia como la virgen y creo que hasta Jorge Bravo también. Palma solía burlarse de mí con su risa odiosa, tenía dinero y se daba sus gustos. Eso quería hacer yo también, pero nunca pude hacerlo. No puedo decir más, era amigo de Flavio y estuvo en su boda junto con el grupo de la rosca. Le gustaban las corridas de toros, alguna vez lo vi en el periódico junto con sus amigos.
Izquierdo, de verdad que, aunque hoy día los veo en un grupo de whatsapp y me alegra verlos sin rencores ni nada, no entiendo por qué ese rechazo hacia mí, quizás me lo pareciera, pero es lo que siempre recordé de ese tiempo. Sus malas miradas hacia mí. Probablemente no fuese su intención, pero me afectó y mucho. Guillermo Izquierdo era muy bueno para las burlas y los apodos, le llamaban la bruja porque parecía una bruja. De ese tiempo recuerdo que me encantaba su mamá.
Rivera, también llamado Dusty, por la propaganda de un producto donde salía un peluquero llamado Dusty Fleming, y como Javier era un tanto amanerado al caminar así le pusieron a él; Dusty. Recuerdo a Omar su hermano y el carro verde que a veces me llevaba hasta la 19 con 35. Es contradictorio porque aun creyendo que me rechazaban él en muchas ocasiones me daba ese aventón.
Olave (Juan Fernando Olave) era el bufón del salón, aunque estuviese serio su cara era graciosa. Siempre al lado de Don Hernando nos causó mucha gracia. Banano fue su único apodo, quizás por las pecas. No tengo nada malo que contar de él, cuando se disponía a hacernos reír no le costaba mucho.
Rigo (Rigoberto Márquez) al que llamaban Oso Panda y él siempre contestaba; su madre que se la comió Miranda. Le gustaba la salsa al igual que a Carvajal (Dumbo), yo preferí otro tipo de música que a nadie le gustaba en su momento; la electrónica que en su momento llamé Techno. Mi papá fue amigo de muchos padres de mis compañeros y en el caso de Rigo no había excepción. Aunque andaba en ese grupo nunca me sentí mal con él, de hecho me felicitó por haberle pegado a Potes. La verdad es que muchos me felicitaron por partirle el tabique esa tarde, un acto que me costó la suspensión de 3 días de colegio. Alguna vez tuvimos una pequeña pelea no sé por qué; no te quiero pegar, Márquez, le decía retrocediendo y era cierto. No le quería pegar. No sé cómo se dio cuenta mi papá y me pegó semejante regaño por haberle pegado al hijo de su amigo. Nunca supe cómo carajos se dio cuenta, ni sé si Rigo le contó a su papá.
Guarín (Carlos Alberto Guarín Aranzazu), también llamado Guatín, Guaro, el Indio, Guarín huele a orín (Por su olor a sudor) fue a mi casa varias veces para enseñarle a hacer los dibujos de los trabajos que nos ponía el profe Ricardo Cortés, hasta que se cansó de ir y yo empecé a hacerle los dibujos cobrando 20 pesos. Me quedó debiendo 70 u 80 pesos, pero pensándolo bien creo que fue mucho más dinero. Se la pasaba jugando fútbol en clase de deporte. Iba y venía de casa en su bicicleta negra que a veces llevaba a Lola. Era tranquilo y no era de los indisciplinados, tenía un lenguaje que intentaba ser juvenil, pero caía en el ridículo, ya que Guarín nos llevaba 1 o 2 años en su momento y eso se notaba mucho. Al ser un hombre calmado no era normal verlo en peleas, pero la tuvo. Después de clase de deporte se agarró con Reyes (El Bobo) y se dieron duro, creí que ganaría Guarín, pero Reyes, a pesar de sus movimientos lentos de Tae Kwon Do logró defenderse y atacar bien arrinconándolo en los arbustos al lado de las rejas. Fue una pelea que muchos vimos y de la que Guaro salió golpeado.
Reyes (John Jairo Reyes) también llamado el Bobo, por su voz, su familia eran dueños de la lechera Andina, muy conocida en su momento. Reyes era muy serio y hablaba mucho de respeto. Una vez me lo encontré frente al Teatro Palmira y lo saludé haciendo sonidos de bobo a lo cual no le cayó bien eso. En clase me amenazó con que la próxima vez no respondería si me metía con él. No me gustó eso, tampoco era para tanto. Era alto, mono, de ojos claros y fuerte, aunque lento al caminar. De un momento a otro llegó dándoselas de que estaba practicando artes marciales y se las daba mucho por eso. Yo también practiqué y hasta Prada lo hizo en el Cárdenas. Aunque me demostró que algo sabía de Tae Kwon Do siempre lo vi lento y pensé que no sería bueno en ello. Habían gente en el colegio a los que veía como verdaderos duros para pelear, como lo era un primo muy lejano al que llamaban Pacho o Pepe quien se avergonzaba de mí diciendo que no éramos primos ni nada. No sé por qué fue el pleito, el caso es que sale Reyes a defendernos (Creo que era por ocupar la cancha o algo así) y ambos cursos, el nuestro y el anterior al nuestro, que se generó expectativa y apuestas por ver quien ganaba, realmente era una pelea histórica ver quien ganaría. Yo apostaba por Pacho, se notaba que ganaría fácil además estaba criado en la calle. Se generó un silencio abrumador entre los dos cursos cuando estaban a un segundo de agarrarse hasta que la cosa comenzó, Pacho lanza un golpe con todo el alma, pero contrario a lo que imaginaba, Reyes se defendió bien, con movimientos muy lentos, pero se defendió y logró conectar buenos golpes. La cosa creo que terminó empatada. Dos monstruos del colegio peleando, eso fue épico.
Lola (Rodolfo Cortés) le llamamos Lola porque tenía un hermano cursos delante nuestro al que llamaban Lola y sinceramente quien le puso ese apodo debía ver Plaza Sésamo y ver esa escena de Lola ha vuelto a mí, donde salía un monstruo enorme llamado Lola. Al comienzo, cuando su hermano terminó el bachiller a nuestro compañero le decíamos Lolita, pero con el tiempo pasó a ser Lola. Debido a su cara fea también le llamaban ladrón, aunque dudo mucho que alguna vez robara. Era de familia con necesidades y tenía muchos hermanos. Él también me quedó debiendo dinero por los dibujos que su hermano, el profe Ricardo, le ponía a hacer como tarea.
Harold (Harold Cadavid) era muy buen dibujante, sus caricaturas era perfectas. Nunca me hizo caricatura, pero era de risa lo que hacía satirizando alguna escena sucedida en el salón; dibujó a Bueno y Arroyo tomados de la mano en el tablero. Es que no había necesidad de decir quiénes eran los del dibujo, se sabía a leguas que eran ellos. Bueno le molestaba y borraba las manos cogidas. Nos hacía pasar buenos ratos el viejo Harold de quien decían era el hijo secreto del profesor Jorge Bravo y es que tenía un parecido razonable. Entre sus dibujos estaba el de Chávez con su bulto grande frente a la profesora. Ese dibujo rodó por toda la clase y no era fácil contener la risa en plena clase con esta profe.
Bueno (Carlos Mauricio Bueno) era muy tranquilo, no se metía en problemas ni nada, buen estudiante y estuvo conmigo desde que estábamos en el jardín infantil. Mis papás eran amigos de sus papás. Me acuerdo de su mamá y me gustaba.
Arroyo (Jairo Andrés Arroyo) era otro tranquilito a ratos, siempre apostábamos por ver quien tenía el vientre más resistente a los golpes, él me daba con toda fuerza y yo también. Había empate.
Tascón (Alvaro Tascón) llamado bruja o narizón por su sobresaliente nariz, jugaba bien al futbol y no podía hablar sin decir su madrazo. En su momento se me pareció mucho a Chayanne. No tengo malos recuerdos de él, aunque tuvo su época en que me  la montó.
Chávez (Diego Fernando Chávez) fue mi único amigo, esa amistad duró mientras estuve en Colombia. Conocí a sus papás, fui a su casa muchas veces, íbamos a cine y nos pasamos horas hablando mierda. No sé si él me consideró su amigo, pero él para mi sí que lo fue, aunque nunca me ayudó en los exámenes.
Vélez (César Augusto Vélez) fue el último en morir hasta el momento, la mamá de Chávez me lo contó una vez que fue a su casa en el 2007. El cáncer se lo llevó. Vivía en mi barrio y cuando regresaba de Bogotá en vacaciones solíamos jugar basket hasta que se mudaron a Cali. Aunque era tranquilo recuerdo la pelea con Cartagena (Marrajena) quien le rayó el labio superior con un lápiz, eso le bastó para que no lo recibieran al año siguiente.

Y así podrían mencionarlos a todos, pero mejor dejo otra sesión para hablar de mis compañeros del segundo quinto que hice y mi intento de suicidio. A pesar de lo mal que pude pasarlo hasta ese momento, hoy día no les guardo rencor a nadie. Me alegra saber de todos ellos aunque sean muy cansones en el grupo de whatsapp (Como si no hubieran madurado) Reconozco que quise gozarla como ellos, disfrutar de la vida como lo hicieron ellos sin trabas, ni obstáculos como los tuve yo, pero ya es pasado. Si alguien me ofendió esa ya está perdonado hace mucho rato, me alegra que estén bien, que hayan triunfado en la vida, no como en mi caso que ando sin completar mis sueños, pero gozando de las cosas que hago y quise hacer.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Mi vida en la primaria.

LA PRIMARIA.
Recuerdo que mi primer día en el colegio fue de escándalo, no sé por qué grité y patalié escandalosamente esa mañana en el jardín infantil que, parece ser, fue un cuartel donde se unían futuros soldados a Bolívar que iban a combatir por la libertad. Justo donde hoy día queda, o quedaba, el parque de la Factory, al lado de Com industria, o donde quedaba. Quizás le hayan cambiado el nombre.
Allí pasaron mis días en el kínder donde aprendí manualidades, a jugar, bailar, pintar, a trabajar con granos de fríjol, lentejas y demás y a vivir como niño relacionándome con compañeros. Recuerdo el patio grande que había atrás, donde estaban los juegos; el columpio y el resbalador a los cuales escapaba al ir baño, aunque una vez me pillaron y castigaron.
Recuerdo muchas cosas de ese colegio como la foto que me tomaron estando yo llorando, el uniforme blanco de médico y algunos compañeros. Carlos Mauricio Bueno fue uno de ellos quien, casualmente me acompañó en todos los colegios donde estuve. Recuerdo también la vez que la profesora me pegó con la regla en la mano por no estar pendiente. No lloré, supe aguantarme bien. Eran otros tiempos. Esta fue mi vida en este jardín infantil, situado cerca a mi casa ahí en el barrio Uribe, diagonal a la casa de mi tía Manuela.

Después de mi paso por este sitio me fui al colegio Santa Teresita a varios metros del juzgado de menores donde trabajaba mi mamá, a la vuelta de la clínica Palmira. Sus directoras eran dos viejas solteronas; Mercedes y Adiela Torres, hermanas entre ellas. En este colegio tuve que repetir el kínder por no saber escribir ni los números. Todo fue bien hasta el segundo de primaria, la profesora Elena me hacía sentir mal por su trato hacia mí, ella tenía un hijo en quinto de primaria que, al terminar, obviamente salió del colegio por no haber secundaria.
Gloria y Luz Elena era compañeras y vecinas que a ratos le llevaban cuentos a la profe sobre mí y ella les creía ganándome un buen regaño. Eran tiempos muy diferentes donde la cosa no era como hoy día, si iba mal mis papás me castigaban, si había una queja de la profe no valía la excusa que yo sacara. Si se daban cuenta que una profesora me había regañado a mí me pegaban en casa.
No tengo recuerdos buenos de ese entonces, ni siquiera de la gran mayoría de mi vida como escolar. Recuerdo que estaba inmensamente enamorado de Constanza Mejía Castro, una mona que me encantaba, ella lo sabía y me detestaba. También estaba Olga Lucía Aldana, delgada, blanquita y hermosa, pero en esa etapa de la vida suelen ser crueles y yo pertenecía al bando discriminado por ellas. Yo era un niño, vivía como tal, pero cuando veo esos recuerdos siempre digo que no fueron agradables, a lo mejor yo tuve mucho que ver en eso, es posible, pero no son buenos esos recuerdos.

Al terminar el segundo año me pasaron al Seminario de Cristo Sacerdote, un colegio de clase y educación estricta y religiosa, pero llegué en esa época a la que llamé la época oscura. Me parece difícil creer que así fuera mi colegio en su momento. Había fama de que si uno se portaba mal los padres lo cogían a correazos para castigarlo. Para aquel entonces yo era buen estudiante a pesar de todo.
La tienda la llevaba un profesor negro, no recuerdo su nombre, quizás era Walter Candelo, aunque en ese entonces solo vendía pan y gaseosa, eso era lo único que se vendía y estudiábamos todo el día, por la mañana de 7:30 a 11:00 de la mañana y de 2:00 a 5:00 de la tarde. Incluso cuando entré en tercero me tocaba ir en la tarde y así hasta terminar el colegio. El padre Ovidio era rector en ese tiempo, le tenía miedo, era más alto que yo, claro, era niño en ese entonces. Y el patio del colegio no estaba cerrado, cualquiera podía entrar y salir, cierta vez entró al salón un mendigo pidiendo limosna y algunos le dieron monedas.
El patio era descuidado, feo, la yerba alta incluso la de las canchas de deporte camino a la casa del obispo; Fátima. Atrás del colegio estaban las canchas de fútbol más grandes, había 4 canchas al lado del cañal, cuando sonaba el timbre indicando que el recreo había acabado había que correr rápido para entrar a clase o si no se llegaba tarde. Eran sitios solos y si pasaba algo nadie se enteraba. A veces se podía ir por la parte de atrás (Cuando dejaban abierta la puerta) sin necesidad de dar semejante vuelta, pero había que pasar unos 10 metros de matorrales y ratas. Reconozco que era una época en la que mi colegio estaba descuidado y los padres no sé qué hacían.
Cierta vez el padre Carlos Julio Aristizábal nos pilló, por llamarlo así, a Leonardo Cano, Tajadita y a mí intentando cazar una pajarito en uno de los corredores del plantel, inmediatamente nos castigó haciéndonos llevar una jaula y canarios para el colegio. Tajadita creo que se salvó porque su familia, pudiente y de poder, habló para que le levantaran ese castigo. Tajadita; vaya personaje tan desagradable, se las daba de mucha cosa por tener plata. Con los años, de dos pajaritos que llevamos, pasaron a ser 10 y muchos más, tanto así que la última vez que fui a final de los 90´s vi que habían hecho una especie de aviario con aves de varias especies gracias al castigo que me había puesto cuando realmente yo no tenía nada que ver con eso, solo era Villegas (Tajada) quien quería atrapar el pájaro y no nosotros.
Mi profesora de tercero de primaria fue Julia, excelente profesora que también le dio clases a mis hermanos y a un primo. Mi profe de cuarto fue una de apellido Chicangana que después fue reemplazada por un profe de apellido Castillo o Palacios. En cuarto fui buen estudiante, siempre con buenas notas, sacando de 4 en adelante. Llegó el quinto año y aquí fue mi trauma con el profesor Miranda, Francisco Miranda creo que era su nombre, papá del compañero Miranda quien se había quedado en Cuarto, un muchacho normal, pero que gustaba de molestarnos mucho, a mí, por ejemplo, en recreo solía jalarme las patillas y salir corriendo, nunca logré alcanzarlo y desquitarme.
Muchos estábamos convencidos de que su papá, el profe Miranda, había entrado al colegio para desquitarse de nosotros y vengarse por lo que le hicimos a su hijo en cursos pasados; el joderlo, también pegarle y un largo etc. Este profesor me destruyó mi vida de colegial y me dio muy duro, en su momento, tener la experiencia de haberlo conocido. En quinto empecé a perder materias lo cual me traumó demasiado en su momento, debía ser un error. Y lo peor es que nunca me habían sacado de clase y él me sacó una vez por reírme de un chiste que había contado. Su trato no era el de un profesor de primaria, hasta le pegó una patada a Herney Sánchez (Sancho Panza) Si, llegué a tenerle miedo. Se paraba cruzado de brazos con sus brazos fuertes, canoso era el hombre y de cara seria, como amargado. Con su reloj en su muñeca sentí stress cuando pasaba cerca de mí. Después de la patada, creí que nos pegaría a todos en cualquier momento.
El psicólogo me mandó a llamar varias veces y le conté todo sobre el profe, pero él ya me había destruido mi vida de estudiante. Para aquel entonces creo que el rector era el padre Angel, Ovidio se despidió de todos porque supuestamente se iba a Roma a estudiar, nunca supe qué, tampoco lo dijeron y fue hasta hace pocos años (2012 aprox.) que Damián me contó que él nunca se fue a Roma, que lo cambiaron y enviaron de párroco a una iglesia en las Mercedes. Algo creo recordar en su momento que él me decía eso, pero nunca le creí. ¿Por qué el padre Ovidio y los demás nos mentirían? Y Damián hace unos años me contó del escándalo interno del abuso sexual de internos y de quienes querían seguir el sacerdocio. Ahora entendía todo y comprendí esa vez, en un retiro, cuando un compañero me dijo que el padre Angel era cacorro por ese abrazo con restregada de pelvis a nosotros.
Si, el seminario tenía internos solo de Lunes a Viernes, vivían en el tercer piso donde estaban los dormitorios. Por lo general ellos eran de Buga y Cali. También habían semi internos que estaban todo el día en el cole y tenían servicio de comedor. Carlos Arturo Váscones era un semi interno que vivía en Tablones, lo recuerdo porque su apellido es difícil de olvidar, ya que en quinto de primaria empecé a escribir un poco más seriamente con El calvario de Váscones, libro de terror que por culpa de mi mamá dejé de escribirlo.
Nunca me gustó esa época, recuerdo que el poder lo tenían las familias pudientes de Palmira, aunque nunca entenderé por qué había gente como Arango, ese robaba a los pequeños, les pegaba y molestaba, hasta nos sacaba de las canchas para poder jugar él y los suyos bajo el pretexto de que el padre le había dado permiso. Tenía su puesto en el bus sapote, la parte atrás derecha del bus, quien osara violar su trono era sacado a golpes. Abusaba de los más pequeños y era buen peleador, vi darle duro a más altos que él. Un completo gamín, sabía desenvolverse en la calle, por eso lo llamo gamín. Cierta tarde lo vi llorando vomitando sangre, me alegré demasiado de que alguien le pegara, fue uno de mis días más felices en el colegio. Las semanas siguientes quedó con un ojo negro porque alguien de grado superior le pegó un buen puñetazo. Creo que muchas víctimas de él se sintieron vengados.

Tuve amigos con los que andaba mucho en el colegio y tuve otros que me molestaban. Hoy día sería llamado bulling; Marcelo Alvarez fue uno que me molestó en su momento, me amenazaba y pegaba. Era un negro grande que vivía en el Prado. Los hermanos Montaño eran unos que consideré galembos, malcriados y gamines… bueno solo eran malcriados, creo que la mamá les daba de todo y nunca les negó nada. En general creo que fui el bobo de la clase, a mi solían engañarme y quitarme mi dinero, pocos solían juntarse conmigo. Si, acepto que fui muy mimado y quizás inseguro, por eso fui el bobo del salón, aunque afortunadamente no llevé la corona, esa fue de otro.


De los profesores puedo recordar, además de los mencionados, a uno flaco que conocía a mi papá por ser compañero del Cárdenas, a Otoniel, profe de educación física a quien echaron, según dicen, porque le enviaba cartas de amor de un estudiante del colegio. Recuerdo al profe de matemáticas; el Pisco, así le llamábamos porque él solía decir; oiga, el pisco del fondo. Vea usted, pisco. Así que por eso le decíamos así. Era flaco, joven y andaba en una moto grande. Décadas después me lo encontré y la verdad es que no había cambiado mucho, seguía en una moto grande y seguía físicamente delgado. Enith Leal, creo era su apellido, era profe de español, una veinteañera tetona que nos acompañó en los primeros cursos del bachillerato. Esa fue mi primaria al lado de compañeros como Orlando Rojas, Izquierdo, Neiver, Polanía, Bueno, Sanclemente, Soto, Dorado, Herney Sánchez, Besito (Jaime Alfredo Vargas) Erazo, Váscones, Heinar, Hecheverry (Rambler) y una larga lista que no mencionaré ni recuerdo toda. Esa fue mi vida en la primaria.