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jueves, 30 de marzo de 2017

BELKIS, MI VACA HERMOSA.



Mi primer trabajo fue en el colegio la Presentación Luna Park de Bogotá, entré como profesor de teatro a este colegio femenino y, de paso, de monjas. No tenía experiencia como docente, pero en la entrevista dije lo contrario, no esperaba pasar, pero la monja, la hermana Ana Elizabeth Solano Mariño, me recibió en el año 98.
Y así inició mi experiencia como profesor, con ciertos inconvenientes míos a la hora de enseñar a las estudiantes, ya que no solo no tenía la experiencia, sino que los antiguos profesores de teatro enseñaban mal, según vi. Este tipo de materia suele ser poco importante y menos valorada que Matemáticas, Química, Física, etc.
Tenía todo el bachillerato, impartí mis conocimientos adquiridos en la academia de Ronald Ayazo y transmití todo lo aprendido. Además conocí gente que me cambió el modo de ver la docencia en su momento, compañeros y estudiantes, aunque a decir verdad al final salí siendo el profesor más odiado del colegio en toda su historia, tanto por compañeros como por el alumnado, pero me quedo con los buenos recuerdos, recuerdos que tengo por algunas de mis estudiantes a las que aún tengo en mi memoria con nostalgia y cariño. Podría mencionar todo lo vivido ahí, incluyendo los encontrones con profesoras, pero no vale la pena.

Mis niñas de sexto y séptimo eran muy puras y nunca tuve problema con ellas. Me caían muy bien. Inocentes y trabajadoras, tenía una en especial que le encantaba el teatro, era una de las mejores del curso, pero la directora de ese curso la detestaba.
De octavo recuerdo que a uno de los dos cursos les regalé la materia, a todas las pasé porque todas me atacaron la clase, creo que fue en este curso que una de ellas se suicidó.
Las de noveno son las que más recuerdo, eran las más difíciles y problemáticas, pero a su vez, de las que aún recuerdo en su mayoría. Habían tres novenos y uno de ellos el más pesado para mí, con el que tuve más problemas y quizás, el motivo para que no me aceptaran al siguiente año.
Claudia Garzón fue, además de mi estudiante, mi amiga. Conocía mis secretos. Quedó embarazada años después de salir del colegio. Estuvo en casa comiendo alguna vez.
Gilma Patricia, Juanita Irina Sánchez y la otra que practicaba artes marciales. Iban de un lado a otro juntas, eran maduras para su edad. No sé nada de ellas.
Sandra y Paola Daza, eran muy amigas y me querían mucho, sobretodo Paola quien después pasó a llamarse David. Quisiera saber de ellas, pero las perdí. De Sandra Yamile supe que estaba en Australia, practicaba artes marciales.
Claudia Rodríguez, fue especial para mí en su momento, pero ella misma se alejó de nuestra amistad.


Mi Belkis, una de las últimas fotos que tengo
de mi viaje a Colombia en el 2007. La última
vez que nos vimos.
Belkis Carrillo fue, posiblemente, con la que surgió una amistad desde el primer momento. Era simpática y siempre tenía una sonrisa en su cara. Rubia, de ojos claros y un tanto gruesa. Con el tiempo supe que su familia era de escasos recursos y que por eso ella vendía dulces en el colegio o en algún semáforo. Era increíble que con tantos problemas ella siempre sonriera, no demostraba su dolor ni su mala situación.

En alguna reunión de profesores con la monja, supe que ella debía varias mensualidades del colegio, así que yo le pagué dos a ella. Le di el dinero para que lo hiciera. Creo recordar que debía 7 meses. No fue lo único que hice por ella, yo le regalé los tenis nuevos para educación física, una camiseta de VOA (Voice of America) y hasta un pantalón de esos que llamaban bicicleteros o chicles.

Era de admirar su modo de ver la vida, con tanta dificultad económica y siempre con ese optimismo, con su sonrisa que no hacía sospechar esa verdad que vivía. Una vida que conocí muy de cerca. Al año siguiente de trabajar en el colegio fui a su casa muchas veces, hablábamos por teléfono y nos veíamos mucho. Éramos Belkis y yo amigos de verdad. Reímos mucho, demasiado, también lloró en sus momentos de flaqueza y se enojó conmigo, pero seguíamos siendo amigos.
Al comienzo iba a su casa con temor por su mamá, no sabía cómo le iba a caer y creo que al comienzo no le agradé mucho. Pero ella y yo seguimos viéndonos, conocí su vida, sus problemas con sus hermanos. Quise mucho a mi amiga, a mi vaca, así le llamaba por sus tetas enormes y ella a mí me llamaba mi burrito sabanero.


Belkis y yo.
A veces le daba dinero, cuando entré a trabajar en el CED Don Bosco 4 llegué a ayudarla con dinero, fue ese año, el 2001 que ella quedó embarazada y el padre del nene nunca respondió. Fue un mal momento para ella, pero ahí estuve yo, su embarazo fue sufrido, lloró demasiado esos nueve meses. Su hermano la amenazaba y también lo hacía con su nene aún en el vientre. Muchas veces me llamaba de noche llorando contándome que su hermano le había pegado aún en embarazo o después de tener al niño. Me dolía en el alma no poder hacer nada, estaba impotente porque aunque yo trabajase, no ganaba mucho para ayudarla y a mi casa no podía llevarla porque ahí iban mis papás y mi mamá era muy cruel, dura e injusta. Una vez la encontró a ella en casa y la trató mal, le preguntó si era cajera del Tía (Un supermercado) o si trabajaba en la 13. No me gustó para nada eso, ya que mi mamá siempre dijo que mis amistades eran lo peor, no como las de mis hermanos que sí valían la pena. Ella solía decirme que mis amistades eran cajeras que nunca habían terminado el bachillerato o prostitutas de la calle 13 de Bogotá. Era normal esas humillaciones conmigo y me dolió cuando a ella la atacó de ese modo, pero mi Belkis siempre tenía esa sonrisa, era difícil quitársela.


Belkis y yo, ¿Alguien nota el aprecio que nos tenemos?
Cuando ella me llamaba llorando yo le decía que fuera a casa, ella se sentía bien conmigo en el apartamento. Una vez recuerdo que lloró, se desahogó como nunca estando embarazada
-       -   Yo soy una niña, Jason, soy una niña – Me repitió varias veces llorando.
Y tenía razón. Era una niña de unos 20 años con un sufrimiento en su historia. Ella no merecía sufrir de esa manera. Y maldigo la hora en no poder hacer nada más por ella. ¿Por qué su hermano la trataba mal? ¿Por qué? Esa noche, en el sofá de casa, me contó todo y abrazados lloramos, ella por su dolor y yo por no poder hacer nada, estaba de manos atadas.

Si me pareció el límite esa vez que llegó una noche con su bebe de brazos, tendría unos meses de nacido, ella llegó llorando junto con el nene que lanzaba alaridos. Venía de pelear con su hermano quien le había pegado un puñetazo en la nariz. Al niño logré calmarlo acostándolo en la cama grande, ahí quedó dormidito. Muchas noches que iba ella huyendo del ambiente de su casa, solía darle de comer o pedir algo al restaurante Chino para que ella saciara el hambre.

Reconozco que fueron tiempos duros para ella y yo me sentía mal por no poder hacer nada más. Quería sacarla de su casa, de ese ambiente desagradable, pero no tenía los medios a mi alcance, en cierta forma yo dependía de mis papás. Una noche me llama llorando con el bebe, pero no pude recibirla en casa, mis papás estaban ahí y no quería jodas con mi mamá. Ya estaba visto que mis amistades eran putas o gamines de la avenida Caracas de Bogotá. Aún así a ella le ayudé poco, ella me reconoció después que fui el único que estuvo con ella en esos duros momentos y durante el embarazo.

Llegó finales del 2001 y me vine a España a buscar nuevas oportunidades, ya que las puertas estaban cerradas para mí en Colombia. Fueron años difíciles, pero la cosa logré estabilizarla. Me comunicaba con mi vaca insaciable y estuve enviándole dinero para sus cosas, intenté darle una mano. Al ir en el 2007 me vi con ella y supe que 100 euros o menos se le iba rápido a ella, tampoco llegué a imaginar que estuvieran caras las cosas allá.
- Me alcanza para dos semanas de bus – Me dijo.

Y me dio un poco de vergüenza conmigo mismo. Decidí aumentarle la cantidad, pero eso nunca sucedió. Al regresar a mi sitio perdí los trabajos y la cosa se me complicó un poco a mí. Lamenté mucho no poder verme más con ella ese año que fui. La vi solo un día, hermosa como siempre. Con su sonrisa y ese espíritu optimista que emanaba. De verdad que la quería mucho y creo que ella lo sabía. Era mi amiga, de verdad que lo era y yo la adoraba demasiado a pesar de nuestros momentos de incomunicación. Por e mail, por Facebook y por teléfono. No me gustaba, odiaba llamarla y que me dijera que no estaba bien, eso me afectaba, detestaba eso, quería que me dijera que estaba muy bien, que sus malos momentos desaparecieron. Nunca se quejó de la vida, nunca la oí renegar de la situación y si decía que estaba mal era porque su situación no estaba mal, estaba peor. Su vida fue difícil y con malos momentos económicos. Una vez que la llamé me pidió dinero, solo me pidió eso, no usó un tono de tristeza, ni de súplica, ni nada de eso. Simplemente me pidió como amigo que éramos. Pero yo en ese momento no tenía ni podía.

Ella se molestó conmigo la última vez, hace unos años, cuando hubo el mundial de futbol, creo recordar, no le gustaba que hablara mal de Colombia ni de la selección, pero siempre dije que el futbol es de malandros, de matones y delincuentes. Quizás por eso ella se perdió de mi vida, pero yo seguía recordándola siempre, seguí queriéndola cada instante de mi vida, los momentos agradables que pasamos en Bogotá, las risas, las charlas de amigos, su sonrisa.

La busqué después de que se perdió, pero no la hallé. Por Facebook, por google y nada, estaba seguro de que me había bloqueado de su Facebook, pero hasta hace unos días supe que no, simplemente había eliminado su cuenta. Teníamos amigos en común, pero los borré con el tiempo, especialmente con la hermana del papá de Brethman, su hijo, porque ella se enteró de ello y celosa me regañó.

Cualquiera diría que estábamos enamorados, pero era solo
amistad, una gran y fuerte amistad a pesar de nuestros
silencios y largas ausencias.
Hace unos días empecé a buscarla de nuevo por Facebook, la busqué con su nombre completo, quitando alguno de sus dos nombres y así, pero nada de nada. Hasta que empecé a buscarla por google y vi su nombre. ¡Dios mío, ella no! Aparecía su nombre: Belkis Carrillo Hurtado (QEPD) en la página de jardines de paz. No creí que fuese mi amiga, mi vaquita linda. Era un homónimo, pensé e inicié mi búsqueda por internet sobre ella, busque en el Dane, en la registraduría a ver si era ella difunta. Hasta que decidí, después de horas y horas de búsqueda, de poner en Twitter, en google plus y Facebook ayuda para saber dónde estaba o si ella estaba muerta. Mi amiga debía estar viva, ella tenía buena salud, ¿A sus 36 años qué debía padecer? A menos que me la mataran, Colombia es un país inseguro y violento.

Se me ocurrió la idea de escribir preguntando si era ella. Esta fue la carta que les escribí a Jardines de paz:

Hola, soy Jason Tigreros y hace 16 años vivo fuera del país. Tengo una
amiga a la que le perdí el rastro, buscándola a través de internet veo
que murió el año pasado, lo cual me es difícil creer. Por lo visto
ustedes se hicieron cargo de su funeral. Mi amiga no tendría más de 36
años y quisiera confirmar si es la misma Belkis Carrillo Hurtado que
conocí.

Sé que ustedes protegerán los datos y esa información no la darán a
cualquiera, pero de alguna manera podrían despejarme esa duda? Anexo
una foto de ambos cuando fui de paso en el 2007.

Gracias por su atención y disculpen las molestias.


No esperaba a que me contestara y su respuesta fue esta:

Reciba un cordial saludo Sr Tigreros
La fallecida que se encuentra inhumada en nuestro parque cementerio, murió el 3 de enero de 2017, su nombre completo es Belkis Hebbe Carrillo Hurtado (QEPD); fecha de nacimiento 9 de mayo de 1980.
Como usted entenderá, no podemos suministrar mayor información respecto a la fallecida.
Esperamos que la anterior información le sea de utilidad
Atentamente:

Ver el Hebbe me tumbó, era mi amiga, mi vaca hermosa, mi vaquita linda. ¿Qué me le pasó a mi niña? ¿Por qué a mi Belkis? No, no lo creí. Necesitaba que alguien me dijera qué había pasado. Quería decirle que la seguía queriendo, que esta amistad era real, esta amistad iba a ser duradera, íbamos a vernos hasta en la vejez. La muerte es inevitable, algún día moriremos, ¿Pero así? ¿Tan pronto? Al día siguiente logré entablar comunicación con su familia, gracias a la mujer de jardines de paz. Hablé con su madre quien me contó todo. Lloramos mientras hablábamos, un sentimiento grande me dio cuando me dijo que ella me mencionaba mucho y que fui uno de sus grandes amigos. ¡Ufff! Eso me llegó al alma. Dejó un hijo que ahora su familia se encarga de él, pues su padre se desentendió de esa responsabilidad. ¡Ojalá pudiera ayudarlos! Y es que su situación económica sigue sin mejorar.


A mi Belkis siempre la quise, siempre te voy a querer. Fuimos buenos amigos, de esos que están en las buenas y en las malas. Te me fuiste y te agradezco esos momentos inolvidables que me diste y que se quedan conmigo hasta el día que yo haga ese viaje también. Te dije muchas veces que te quería y quiero que sepas que aún lo hago, que me dejas un dolor grande, mi vaca hermosa. Jamás pensé que la partida de un amigo me pateara tanto como la tuya. Tanto debo quererte para que esté como estoy ahora. Mi Belkis, mi niña, mi vaca linda, vete sabiendo que fuiste lo mejor que conocí. Para ti este recuerdo, estas líneas mientras me lleno de llanto. 


Belkis Hebe Carrillo Hurtado y Jason Tigreros.





miércoles, 7 de diciembre de 2016

EL SEGUNDO QUINTO.


Llegué esa mañana y Rigo me esperaba en el salón de grado 11 y riendo me decía que ese era mi salón y que podía entrar. Me despejaba el camino para que entrara, pero yo pasé de largo y seguí al salón de mi hermano en décimo grado; quinto de bachillerato. Al inicio me sentí raro, pero después de presentarme al frente del salón ante todos mis nuevos compañeros, entré en confianza. En ese momento aproveche para presentarme como Jason. Oficialmente había adoptado mi nombre artístico que había nacido tiempo atrás; Jason Tigreros.
Muy a diferencia del grupo que iba delante de mí, los de sexto de bachillerato, en el grupo donde me hallaba me sentí aceptado sin problema alguno, encajaba entre ellos, aunque al comienzo mi hermano parecía querer dejarme en ridículo, pero fue solo al inicio, después éramos simples compañeros.

Me quedaban solo 2 años de estudio y quizás fue por no sentir ese rechazo con mis nuevos compañeros que decidí disfrutar del tiempo restante. A la mierda preocuparme por las notas, a la mierda todo. Hay que gozar de la vida. Me había desatado, era de los que ponían recocha en el salón. Nunca fui líder ni popular, pero no pasé desapercibido. Me propuse ser buen estudiante, pero a pesar de las décadas, no logré cumplir esa propuesta. Nunca fui buen estudiante, ni siquiera en la universidad. Hasta la imagen de mis profesores era nueva, los vi de otra forma sin importar qué tan bien fuera en sus clases.
Pero siempre mis resultados en Física, Química y Cálculo fue desastroso y no tardé en seguir perdiendo esas materias. Nunca las entendí, nunca me gustaron, recuerdo que en sexto de bachillerato mi hermano fue quien me ayudó a ganar el año, no porque me explicara esas materias sino porque en los exámenes él me pasaba la respuesta en papelitos, de lo contrario creo que el Seminario de Cristo Sacerdote de Palmira, me habría jubilado hace rato. Y fue debido a esa situación que en quinto pensé seriamente en el suicidio. Iba mal en las tres putas materias de siempre y hasta creí que podía perder el año, antes de eso prefería morir y lo planee bien, necesitaba un 7 de Física que era imposible que sacara.

Como siempre había llegado temprano al colegio y caminando por los corredores del colegio pensando qué hacer, buscando otra solución y hasta yendo a la capilla a hacer promesas, me encuentro en las escaleras al padre Fabio Cortés, le pregunté si tenía tiempo y me dijo que no, era mi salvación, pero se me fue de las manos, así que regresé al salón a esperar a todos cuando él se me aparece por detrás; Tienes cara de tener algún problema serio, qué te pasa? Y le conté desahogándome en llanto. Tranquilo, yo te ayudo. Y sí que lo hizo al final, le estaré muy agradecido hasta el final. Había conseguido un frasco con pastillas para dormir y tenía algún dinero para una caneca de aguardiente. Si perdía el año o habilitaba la cosa era sencilla; me bebía la caneca y me tomaba el frasco entero. Fin del asunto. Pero la cosa tuvo un final menos trágico y eso se lo debo al padre Fabio.

Ese quinto, a pesar de todo, fue el año en que disfruté de la vida, fue el año en que me corrompió esa vecina en mi cumpleaños 16, ella con un poco más de 30. Fue el año de los polvos con Deyanira, casi todos en el colegio llegaron a saberlo (Si la capilla hablara), fue ese año en que todos me felicitaron por romperle el tabique a Potes. Me tenía asoliao desde inicio de año, gustaba de joderme mucho sin yo hacerle nada. Odiaba ese apodo de embarazo quien me puso Ronald Castillo mientras esperábamos el bus para ir al colegio años atrás, su razón era que yo era gordito y barrigón, cosa que no lo era en ese entonces, quizás hoy día si. El apodo se popularizó en el colegio, cosa que me sacaba de genio que me lo dijeran. Y Potes, un negro alto y grueso, de cursos inferiores al mío, solía decírmelo constantemente:
-No me jodás, ombe, no me digás así-
-Respetá que yo no te jodo, güevón-
Pero eso era darle más pedal para que siguiera.
Cierto día me lo encuentro en el recreo y cae de rodillas quejándose de un fuerte dolor de estómago, lo ayudo a levantarse y me dice agarrándose el vientre;
-Uy, marica, llévame al hospital, que ya estoy dando a luz-
Lo entendí segundos después cuando salió corriendo muerto de risa. Y es que era normal en él joderme así, a veces estaba con sus amigos y comentaba cosas en voz alta para que yo lo oyera, cosas como; Una tía mía está en embarazo.
Remarcaba el embarazo y cuando yo le hacía el reclamo él serio me respondía que qué tiene de malo que su tía estuviera en embarazo? En el recreo era normal escuchar como gritaban a lo lejos ese apodo y yo llegué a ese punto en que una tarde decidía poner punto final a eso. Esperé a que el bus sapote llegará y así no me dijera nada le iba a dar su tatequieto. Efectivamente pasó detrás de mí, lo miré, él me sonrió con intención de joderme y yo lo sigo, él corre y ahí nos enzarzamos, bueno, realmente lo enzarcé en una tanda de puñetazos y patadas. Nos hicieron ruedo y todos era con el:
- Dale, marica.
-Más duro.
-Eso, viejo Tigre dale una por mí.
Y así quedó la cosa, tocaron el timbre de la primera hora de clase en la tarde y me fui contento a clase mientras recibía felicitaciones de todos, hasta Rigo me agradeció, que si no hubiera sido yo hubiera sido él. En el salón llega Banano y me comenta;
-Ve que bajés a coordinación que le partiste el tabique a Potes.
No le creí, pero al poco rato subió Edgar Avila y me lleva a coordinación. Nunca imaginé que la cosa fuera tan grave. Juan Rosas llamó a mi papá a la oficina que él tenía y después del susto (Pensó que algo malo me había pasado) llegó al colegio a regañarme:
-        -  Le hubieras dado un par de cachetadas y listo el pollo-
-         -  Es que no sabés la clase de papás que tiene ese muchacho? Menos mal están muertos o sino estarías en peligro, carajo-
Y era cierto, parece que los papás de Potes eran pequeños narcos que mataron a una cuadra del hospital. Tenían fama de mala gente. Potes parece que vivía con su abuela, una mujer ya muy vieja. El pensó en denunciarme, pero al ser ambos menores de edad nada de eso sucedió, el abogado le dijo que no podía hacer nada por la edad. Días después me llama Potes por teléfono a amenazarme:
-Me las vas a pagar, hijueputa, te voy a quiñar -

Aunque en su momento no sabía quién era. Le conté a mi papá y a su vez él le contó a mi primo Saulo, un policía que también hacía trabajos sucios, habló conmigo y él hizo su trabajo. Nunca supe a qué se refería con hacer su trabajo, pero la cosa se calmó con Potes. Recuerdo que varios años después, cuando me fui a Bogotá a estudiar, en uno de mis regresos a Palmira, estaba yo en la estación y alguien me dice con voz delgada
-Hola
Al levantarme la mirada para ver quien me saludaba veo a un gorila de unos 2 metros, de aspecto rudo, fuerte y un cuerpo que impactaba. Era Potes a unos pasos de mí. Si en ese momento fuera la pelea solo bastaría un golpe de él para llevarme al hospital. Me dio alegría verlo, lo reconozco.

No tuve más peleas desde ese momento. Aunque en el colegio sí que hubo más, como la de Alejandro Reyes y Papo, con traición y que tal. Papo se iba a quitar las gafas para pelear y Reyes lo cogió a traición. Tiempo después en una rumbilla que hice en mi casa ellos terminaron abrazados reconciliándose. Arias y otro compañero se agarraron en el barrio donde íbamos a hacer las horas sociales. Hernando Paredes, quien era el director de ese proyecto, se pegó su emputada cuando vio a estos dos peleando delante de la gente. Inmediatamente nos regresamos al colegio. De verdad nunca había visto al profe puto.

Esta fue una buena época, los Viernes íbamos al barrio 20 de Julio, aún en construcción, a hacer horas sociales en una escuelita del barrio. No me gustaba ir al inicio, porque me ponían todo un salón entero para mí con niños indisciplinados, además las calles eran destapadas y cuando los carros pasaban se levantaba esa polvareda que no dejaba respirar. Pero con el tiempo a mí me dejaron solo un grupo de niños que querían aprender primeros auxilios (Aprovechando los conocimientos que tenía sobre el tema, aprendidos en ese grupo llamado Cuerpo de Voluntariados para Emergencia, cuya sede estaba en el club de leones del recreo) y con el que logré impartir mis conocimientos a un pequeño grupo. A veces echaba una mano a alguna profesora y hasta fuimos jurado de un concurso de belleza infantil de ese colegio: Gato, Caro, quizás uno más y yo fuimos los que escogimos a la más hermosa de las niñas. A punto estuvimos de dejar a la negrita más fea como reina:
-Muchachos, de cagada dejemos a la negrita- Nos propuso Gato riendo.
Y no era mala idea, pero al final decidimos comportarnos, pero la tentación estuvo hasta el último instante cuando la negrita fea y las más bonita estaban de últimas. Reina y Virreina. Caro presentó la decisión, pero quedó marcado por semanas cuando cometió el error de decir:
-          -Y ahora este es el resultado, tata tatán…-
Música de fanfarrias? ¡Por favor!, en el salón cuando Caro hablaba no faltaba quien hiciera ruidos de fanfarrias; tata tatán.

Paul Escobar tenía su pretendiente en este barrio, una mujerzota de unos 17 años estudiante del Colegio Cárdenas, una patona que estaba bien y, ya ni me sorprendía, conocía a mi papá. Parece que estos dos tuvieron su cuento. Yo solo iba a enseñar primeros auxilios a esta primaria, por eso casi le practico socorro a una profe que me miraba con malas intenciones. Solo pude hacerle respiración lengua… perdón, quise decir boca a leng… a boca.

En el salón hubo momentos en que se empezó a vender cocaína gracias a Pucheca (Arana), ya me extrañaba que salieran tanto al baño y era por eso, solo hasta que alguien me contó delos ojos rojos pillé quienes eran los que se volvía drogos, pero eso fue solo en el Quinto de bachillerato.
Arana le decía Pucheca, no sé por qué. Era fuerte, alto y, aunque no le vi pelear, se veía experto en el tema. Sabíamos que le metía al vicio, hasta me llevo mi medicina, no la probé por miedo, pero la vi con una poco de ladrillo molido.

Arias (Campanero), vivía en Tablones junto con Rogeles (Et) y Libardo Díaz. Arias jodía mucho y se agarró una vez con Et. Solía verme y decirme levantando el pulgar
-Bien con esos tamales? – Se refería a mis zapatos.

Douglas Bloug a quien llamábamos el gringo o marrana mona, según Reyes, también le decían McArthur. Su nombre completo era Michael Douglas Bloug McArthur. Era de Estados Unidos y llego sin saber español al colegio, inmediatamente Bayona fue amigo de él y así aprender más el idioma y de paso, enseñarle al gringo. No me cansé de reír cuando le ponen en papelitos frases para que las dijera en su español agringado:
-Gringo decí esto-
Y leía frases como Arias es un campanero. Quiero tamales (Arias les puso así a mis zapatos) Huevito mama polla de caballo. Celimó las huevas. Leal es una vaca.

La pasamos bien ese momento, no faltaba el que le pasaba alguna frase que nos hacía carcajear a todos y no faltaba el sapo que nos pidiera ya basta, que podía venir alguien y pillarnos. Pero así aprendió español Douglas a quien enseñé a hacer Chancarina. Le encantaba.

Diego Bayona (Pastor, por estar guiando al gringo), estudió en el Liceo Santa Teresita, yo iba un curso delante de él. Era bueno para el inglés y creo que después del colegio se fue para USA. Sus papás intentaron meterse al narcotráfico, pero lo vieron duro y quizás lo dejaron. Eran dueños de una estación de gasolina y hasta la policía les allanó la casa.

Vera, el gordo, siempre le fue bien en los estudios, era muy aplicado y no se metía en problemas con nadie. Sus notas siempre fueron altas y no me sorprende que hoy día esté bien económicamente.

Galarza, tuvo un pasado trágico, iba de regreso a casa desde la finca con alguno de los locos Higuita (Hernán y su hermano) y sus papás cuando lo cogieron sicarios, los mataron delante de ellos. Galarza quedó bajo custodia de su tío, aquel quien se llevó a la hermana Blanca, la monja que estuvo en el colegio, y con la que se casó después. Cuando cumplió la mayoría de edad, según decían, el tío debía devolverle lo que por ley heredaba de sus papás, pero parece que el tío no quería hacerlo ni su esposa, la hermana Blanca, creo era su nombre, o quizás Clara Nidia.

Tuti estuvo de novio con una amiga del barrio, Yolanda, el pobre nunca supo con quien se metió. 
Lo de Prepí, porque por cualquier cosa se ponía colorado, como un pene. Prepí era el disminutivo de prepucio.

Los Higuita, Hernán erra llamado el loco por la sencilla razón de que estaba loco. Sufría de epilepsia teniendo una dentro del salón. Me sorprendía de Hernán que tuviese una capacidad auditiva increíble, escuchaba un leve susurro a muchos metros de distancia.

William Leal, La vaca, por sus gafas enormes solía dibujarlo en el tablero como una vaca con cuernos y gafas, me quedaba idéntico. Era tranquilo y no se metía en problemas, de hecho eran pocos los conflictivos en el salón.

Ronald Alonso Castillo, era el líder del salón, vivía a una cuadra de mi casa, duró años con su novia Margarita. Tuvo una muerte fea; fue un Diciembre, si mal no recuerdo, lo vi salir esa mañana en la camioneta verde y después me llegó la noticia que se había estrellado frente al parque de la caña. No murió instantáneamente, sino lentamente, el volante le aprisionó el pecho ahogándolo, nadie pudo sacarlo a tiempo. Por eso dentro del ataúd su color era morado.

Chappy, quizás le decían así por el personaje de Ton Gun, Chappy, siempre tuvo bozo, fue novio de Mónica, pero creo que no supo con quien se había metido. Parece ser que fue primo lejano mío, él era familiar de mi tía abuela Omaira.

Paul Andrés Escobar, tenía buenas notas y era sobrino de la secretaria del colegio, Floralba. Fue novio de la Patipeluda, no sabía por qué eran tan crueles con esos apodos hasta que le vi los brazos a ella, tenía más bellos que mí y que un oso. Me reí por horas. Vivía frente a las casas fiscales.

Gato, no me acuerdo de su nombre, creo que era algo así como Mauricio. Era gracioso verlo reír con sus enormes dientes, morenito y orejón. Decía que quería irse a Francia a estudiar francés, y hasta el momento sigue ahí en París.

Rico, nada malo de Rico, solo que años atrás le llamaban el enano Enrico. Siempre me pareció buena gente. recuerdo la foto que nos tomó mi papá el dia de grado; salé él intentando ocultarse.

Reyes, fue mi amigo y reía con mis historias, alguna vez fui a su casa a hacer un trabajo de Biología.

Potter, William Martínez, amigo mío. Palmira estaba llena de grafitis con la palabra Potter, él era su autor. Vivía frente a las casas fiscales. Bebía mucho, recuerdo su bicicleta amarilla de plato pequeño. Estuve en su casa varias veces y me amanecí otras tantas. Años después que salimos del colegio se dedicó a conducir el taxi del hermano, Peter, y en una de esas rutinas por la ciudad, delante de él una mujer se estrella contra un poste a lo cual Potter se bajó del taxi para socorrerla. No vio el cable de electricidad que hacía contacto con el vehículo estrellado recibiendo una descarga alta. Creo que duró 3 días hasta morir. Me dolió esa pérdida. La última vez que hablamos habíamos quedado en vernos para tomarnos unas cervezas.

Sanguino, que se me parecía a Gustavo Cerati, Saa y Kuri, eran los ricos del salón, buen gentes y buenos estudiantes vivían en Las Mercedes o Miriñao, de familias pudientes en la alta sociedad de Palmira. La tía de Sanguino era igualita al personaje de Qué nos pasa llamada Doña Soila. Cuando ella iba al colegio era normal escuchar a lo lejos el llamado de alguno para Soila.

Abraham Victoria Olivares, era del combo de Ronald y Chappy, solía ir en moto al colegio. Era caderón y nalgón, jugaba bien al futbol.

Aldemar Caro, conocido como Jetón o Vulva, por su impresionante tamaño de jeta que tenía, bueno, que aún tiene. Caro fue el responsable de que me echaran a la pileta un 24 de Octubre. Recuerdo bien que veníamos en el bus del barrio 20 de Julio y alguien dijo que yo andaba de cumple. Quise bajarme antes de llegar al colegio, pero antes de empezar a gritar para que Hernando Paredes me oyera más de uno me cayó encima  y no me dejaron gritar. Al llegar al bus entre varios me llevaron a la pileta donde las vacas toman agua y por mucho grito mío, por mucho forcejeo me tiraron con esa agua sucia llena de insectos. A la mierda… me fui yo. Mojado y sin medio de transporte, Abraham me llevó hasta la casa. Caro solía llamarme Care papa, porque dizque mi cara parecía una papa.

Juan Pablo Guido, conocido como capitán muñeca, Juanpi, Pomi, Pomponio por el personaje de las historietas del mismo nombre. Era de los vagos y al igual que a mí, solíamos perder materias.

Polanco que por la forma de hablar le llamábamos Atata.

Pedro Andrés Fossi, bajito, gordito y buena gente. 

Dulci, olvidé su nombre, era el afeminado del salón, Dulci por Dulzura, caminaba muy gay, pero en el exámen del batallón no le vi nada de gay, grande sí que la tenía. Vivía en el ingenio Castilla.

Nieva, era el único que estaba encaminado al sacerdocio. Negrito, flaco y buen estudiante. Le llamaban chorro de humo o ñaña.

Huevito, el paisa, su nombre era Iván Giraldo, delgado, buen estudiante. Vivían a una cuadra de mi casa.

Mazuera, Chupito o Droopy le decían, era calmadito, de mirada dormida. Tenía fama de ser lento, no sé por qué. Al final de curso iba mucho al gimnasio y ya se le notaba músculos. Iba al colegio en una FZ.

Recuerdo a uno que perdía años, nunca estudié con él, pero se le recuerda. Héctor Fabián de los Ríos, vivía en Fátima, un barrio al lado del mío. Su mamá solía traernos a casa, salida del colegio. Una vez me llama mi papá y me cuenta que Héctor venía una noche de las fiestas Pradera, recién había tanqueado ese carro verde claro y al estar un tanto tomado se durmió en una curva estrellándose contra un poste de luz. A los pocos segundos se empezó a incendiar el vehículo y como estaba atrapado no pudo escapar. Cuentan testigos que sus gritos eran horribles. ¡Fea muerte!

Diego de José Suárez Barreto vivía cerca de casa, a una cuadra. Tenía una hermanotas hermosas e inteligentes. Me gustaba Adriana, aunque después fui amigo de Raquel. Su papá era ya un hombre mayor y su mamá era una… mamacita que me gustaba verla de espalda. Era gracioso verlo cómo arremedaba al profesor Hugo Zúñiga cuando decía –Pero mira, hijo-
Suárez se ponía un dedo en una mejilla y decía lo mismo. Su risa era inconfundible. Hace poco me encontró él en el Linkedin.

Habían más compañeros, la verdad éramos como 45; Galarza, Papo, Calmala y otros pocos de los que no me acuerdo en el momento.

Sí, me gocé esos dos años restantes a pesar de mi intento de suicidio, pero me los gocé. No fui buen estudiante y reconozco que si no fuese por mi hermano César yo no habría salido nunca del colegio, la verdad es que cuando fuimos a la ceremonia de grado creía que era un sueño, tenía miedo que llegara el padre y me dijera
-Usted, Tigreros, perdió el año. No puede graduarse-

 De verdad que era mi miedo, cuando terminó la ceremonia yo apresuré a mi mamá para irnos rápido del colegio, no fuera que me salieran con esas. Nunca creí, en su momento, que me hubiera graduado y todo se lo debo a César que me ayudó en los exámenes pasándome las respuestas.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Mi vida en la primaria.

LA PRIMARIA.
Recuerdo que mi primer día en el colegio fue de escándalo, no sé por qué grité y patalié escandalosamente esa mañana en el jardín infantil que, parece ser, fue un cuartel donde se unían futuros soldados a Bolívar que iban a combatir por la libertad. Justo donde hoy día queda, o quedaba, el parque de la Factory, al lado de Com industria, o donde quedaba. Quizás le hayan cambiado el nombre.
Allí pasaron mis días en el kínder donde aprendí manualidades, a jugar, bailar, pintar, a trabajar con granos de fríjol, lentejas y demás y a vivir como niño relacionándome con compañeros. Recuerdo el patio grande que había atrás, donde estaban los juegos; el columpio y el resbalador a los cuales escapaba al ir baño, aunque una vez me pillaron y castigaron.
Recuerdo muchas cosas de ese colegio como la foto que me tomaron estando yo llorando, el uniforme blanco de médico y algunos compañeros. Carlos Mauricio Bueno fue uno de ellos quien, casualmente me acompañó en todos los colegios donde estuve. Recuerdo también la vez que la profesora me pegó con la regla en la mano por no estar pendiente. No lloré, supe aguantarme bien. Eran otros tiempos. Esta fue mi vida en este jardín infantil, situado cerca a mi casa ahí en el barrio Uribe, diagonal a la casa de mi tía Manuela.

Después de mi paso por este sitio me fui al colegio Santa Teresita a varios metros del juzgado de menores donde trabajaba mi mamá, a la vuelta de la clínica Palmira. Sus directoras eran dos viejas solteronas; Mercedes y Adiela Torres, hermanas entre ellas. En este colegio tuve que repetir el kínder por no saber escribir ni los números. Todo fue bien hasta el segundo de primaria, la profesora Elena me hacía sentir mal por su trato hacia mí, ella tenía un hijo en quinto de primaria que, al terminar, obviamente salió del colegio por no haber secundaria.
Gloria y Luz Elena era compañeras y vecinas que a ratos le llevaban cuentos a la profe sobre mí y ella les creía ganándome un buen regaño. Eran tiempos muy diferentes donde la cosa no era como hoy día, si iba mal mis papás me castigaban, si había una queja de la profe no valía la excusa que yo sacara. Si se daban cuenta que una profesora me había regañado a mí me pegaban en casa.
No tengo recuerdos buenos de ese entonces, ni siquiera de la gran mayoría de mi vida como escolar. Recuerdo que estaba inmensamente enamorado de Constanza Mejía Castro, una mona que me encantaba, ella lo sabía y me detestaba. También estaba Olga Lucía Aldana, delgada, blanquita y hermosa, pero en esa etapa de la vida suelen ser crueles y yo pertenecía al bando discriminado por ellas. Yo era un niño, vivía como tal, pero cuando veo esos recuerdos siempre digo que no fueron agradables, a lo mejor yo tuve mucho que ver en eso, es posible, pero no son buenos esos recuerdos.

Al terminar el segundo año me pasaron al Seminario de Cristo Sacerdote, un colegio de clase y educación estricta y religiosa, pero llegué en esa época a la que llamé la época oscura. Me parece difícil creer que así fuera mi colegio en su momento. Había fama de que si uno se portaba mal los padres lo cogían a correazos para castigarlo. Para aquel entonces yo era buen estudiante a pesar de todo.
La tienda la llevaba un profesor negro, no recuerdo su nombre, quizás era Walter Candelo, aunque en ese entonces solo vendía pan y gaseosa, eso era lo único que se vendía y estudiábamos todo el día, por la mañana de 7:30 a 11:00 de la mañana y de 2:00 a 5:00 de la tarde. Incluso cuando entré en tercero me tocaba ir en la tarde y así hasta terminar el colegio. El padre Ovidio era rector en ese tiempo, le tenía miedo, era más alto que yo, claro, era niño en ese entonces. Y el patio del colegio no estaba cerrado, cualquiera podía entrar y salir, cierta vez entró al salón un mendigo pidiendo limosna y algunos le dieron monedas.
El patio era descuidado, feo, la yerba alta incluso la de las canchas de deporte camino a la casa del obispo; Fátima. Atrás del colegio estaban las canchas de fútbol más grandes, había 4 canchas al lado del cañal, cuando sonaba el timbre indicando que el recreo había acabado había que correr rápido para entrar a clase o si no se llegaba tarde. Eran sitios solos y si pasaba algo nadie se enteraba. A veces se podía ir por la parte de atrás (Cuando dejaban abierta la puerta) sin necesidad de dar semejante vuelta, pero había que pasar unos 10 metros de matorrales y ratas. Reconozco que era una época en la que mi colegio estaba descuidado y los padres no sé qué hacían.
Cierta vez el padre Carlos Julio Aristizábal nos pilló, por llamarlo así, a Leonardo Cano, Tajadita y a mí intentando cazar una pajarito en uno de los corredores del plantel, inmediatamente nos castigó haciéndonos llevar una jaula y canarios para el colegio. Tajadita creo que se salvó porque su familia, pudiente y de poder, habló para que le levantaran ese castigo. Tajadita; vaya personaje tan desagradable, se las daba de mucha cosa por tener plata. Con los años, de dos pajaritos que llevamos, pasaron a ser 10 y muchos más, tanto así que la última vez que fui a final de los 90´s vi que habían hecho una especie de aviario con aves de varias especies gracias al castigo que me había puesto cuando realmente yo no tenía nada que ver con eso, solo era Villegas (Tajada) quien quería atrapar el pájaro y no nosotros.
Mi profesora de tercero de primaria fue Julia, excelente profesora que también le dio clases a mis hermanos y a un primo. Mi profe de cuarto fue una de apellido Chicangana que después fue reemplazada por un profe de apellido Castillo o Palacios. En cuarto fui buen estudiante, siempre con buenas notas, sacando de 4 en adelante. Llegó el quinto año y aquí fue mi trauma con el profesor Miranda, Francisco Miranda creo que era su nombre, papá del compañero Miranda quien se había quedado en Cuarto, un muchacho normal, pero que gustaba de molestarnos mucho, a mí, por ejemplo, en recreo solía jalarme las patillas y salir corriendo, nunca logré alcanzarlo y desquitarme.
Muchos estábamos convencidos de que su papá, el profe Miranda, había entrado al colegio para desquitarse de nosotros y vengarse por lo que le hicimos a su hijo en cursos pasados; el joderlo, también pegarle y un largo etc. Este profesor me destruyó mi vida de colegial y me dio muy duro, en su momento, tener la experiencia de haberlo conocido. En quinto empecé a perder materias lo cual me traumó demasiado en su momento, debía ser un error. Y lo peor es que nunca me habían sacado de clase y él me sacó una vez por reírme de un chiste que había contado. Su trato no era el de un profesor de primaria, hasta le pegó una patada a Herney Sánchez (Sancho Panza) Si, llegué a tenerle miedo. Se paraba cruzado de brazos con sus brazos fuertes, canoso era el hombre y de cara seria, como amargado. Con su reloj en su muñeca sentí stress cuando pasaba cerca de mí. Después de la patada, creí que nos pegaría a todos en cualquier momento.
El psicólogo me mandó a llamar varias veces y le conté todo sobre el profe, pero él ya me había destruido mi vida de estudiante. Para aquel entonces creo que el rector era el padre Angel, Ovidio se despidió de todos porque supuestamente se iba a Roma a estudiar, nunca supe qué, tampoco lo dijeron y fue hasta hace pocos años (2012 aprox.) que Damián me contó que él nunca se fue a Roma, que lo cambiaron y enviaron de párroco a una iglesia en las Mercedes. Algo creo recordar en su momento que él me decía eso, pero nunca le creí. ¿Por qué el padre Ovidio y los demás nos mentirían? Y Damián hace unos años me contó del escándalo interno del abuso sexual de internos y de quienes querían seguir el sacerdocio. Ahora entendía todo y comprendí esa vez, en un retiro, cuando un compañero me dijo que el padre Angel era cacorro por ese abrazo con restregada de pelvis a nosotros.
Si, el seminario tenía internos solo de Lunes a Viernes, vivían en el tercer piso donde estaban los dormitorios. Por lo general ellos eran de Buga y Cali. También habían semi internos que estaban todo el día en el cole y tenían servicio de comedor. Carlos Arturo Váscones era un semi interno que vivía en Tablones, lo recuerdo porque su apellido es difícil de olvidar, ya que en quinto de primaria empecé a escribir un poco más seriamente con El calvario de Váscones, libro de terror que por culpa de mi mamá dejé de escribirlo.
Nunca me gustó esa época, recuerdo que el poder lo tenían las familias pudientes de Palmira, aunque nunca entenderé por qué había gente como Arango, ese robaba a los pequeños, les pegaba y molestaba, hasta nos sacaba de las canchas para poder jugar él y los suyos bajo el pretexto de que el padre le había dado permiso. Tenía su puesto en el bus sapote, la parte atrás derecha del bus, quien osara violar su trono era sacado a golpes. Abusaba de los más pequeños y era buen peleador, vi darle duro a más altos que él. Un completo gamín, sabía desenvolverse en la calle, por eso lo llamo gamín. Cierta tarde lo vi llorando vomitando sangre, me alegré demasiado de que alguien le pegara, fue uno de mis días más felices en el colegio. Las semanas siguientes quedó con un ojo negro porque alguien de grado superior le pegó un buen puñetazo. Creo que muchas víctimas de él se sintieron vengados.

Tuve amigos con los que andaba mucho en el colegio y tuve otros que me molestaban. Hoy día sería llamado bulling; Marcelo Alvarez fue uno que me molestó en su momento, me amenazaba y pegaba. Era un negro grande que vivía en el Prado. Los hermanos Montaño eran unos que consideré galembos, malcriados y gamines… bueno solo eran malcriados, creo que la mamá les daba de todo y nunca les negó nada. En general creo que fui el bobo de la clase, a mi solían engañarme y quitarme mi dinero, pocos solían juntarse conmigo. Si, acepto que fui muy mimado y quizás inseguro, por eso fui el bobo del salón, aunque afortunadamente no llevé la corona, esa fue de otro.


De los profesores puedo recordar, además de los mencionados, a uno flaco que conocía a mi papá por ser compañero del Cárdenas, a Otoniel, profe de educación física a quien echaron, según dicen, porque le enviaba cartas de amor de un estudiante del colegio. Recuerdo al profe de matemáticas; el Pisco, así le llamábamos porque él solía decir; oiga, el pisco del fondo. Vea usted, pisco. Así que por eso le decíamos así. Era flaco, joven y andaba en una moto grande. Décadas después me lo encontré y la verdad es que no había cambiado mucho, seguía en una moto grande y seguía físicamente delgado. Enith Leal, creo era su apellido, era profe de español, una veinteañera tetona que nos acompañó en los primeros cursos del bachillerato. Esa fue mi primaria al lado de compañeros como Orlando Rojas, Izquierdo, Neiver, Polanía, Bueno, Sanclemente, Soto, Dorado, Herney Sánchez, Besito (Jaime Alfredo Vargas) Erazo, Váscones, Heinar, Hecheverry (Rambler) y una larga lista que no mencionaré ni recuerdo toda. Esa fue mi vida en la primaria.